Ideario Josefino


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INTRODUCCIÓN

SENTIDO Y ALCANCE DEL IDEARIO

Naturaleza

EL IDEARIO CONSTITUYE  NUESTRO PATRIMONIO CONGREGACIONAL

  1.  Recoge los  principios y convicciones  que  fueron percibidos y vividos por nuestra Venerable Madre fundadora, Camila de San José Rolon.
  2. Presenta los valores que se derivan del carisma josefino, y que deben impregnar nuestra vida y nuestras relaciones personales.
  3. Subraya los elementos esenciales  que dan fisonomía específica a nuestro modo de ser y de ejercer la actividad apostólica, y son por lo tanto una realidad que mantiene su fuerza vital a pesar de los cambios sociales y culturales.
  4. Tiene el carácter de  documento fundamental para toda las actividades pastorales que desarrolla el Instituto, por ser la presencia viva del mismo.

Fuentes

 EL IDEARIO SE INSPIRA Y SUSTENTA EN:

  1.  La Palabra de Dios, leída con los ojos y el corazón de la Madre Camila.
  2. El magisterio de la Iglesia que como intérprete auténtica de la Palabra de Dios, nos señala los caminos seguros y  los valores perennes  a través de los tiempos y en las diversas culturas.
  3. El pensamiento y la vida de la M. Camila, que junto a la tradición y a la experiencia actual, contiene los valores genuinos de nuestra actividad pastoral.
  4. Las personas confiadas a nuestro cuidado, a través de quienes descubrimos lo que  verdaderamente permite  u obstaculiza el crecimiento de la persona humana.
  5. Las ciencias humanas,  que nos ayudan a comprender el misterio del hombre, así como las realidades más profundas y los procesos de desarrollo de la vida y de la historia

Alcance

EL IDEARIO  DEBE SER:

  1. Fuente principal de inspiración para todos los proyectos pastorales de la familia josefina.
  2. Guía y punto de referencia para la elaboración y evaluación de todos los proyectos y programas educativos y asistenciales tanto a nivel mundial como en una  área  específica geográfica y cultural  o de una determinada comunidad apostólica.
  3. Un camino de fidelidad al carisma y una respuesta a las necesidades de la Iglesia y a las expectativas de los hombres de hoy, permaneciendo, al mismo tiempo, abierto a la riqueza de ideas y valores que surjan de la profundización del propio carisma, y de las experiencias de inculturación del mismo en otras realidades sociales y culturales.

Destinatarios

LOS VALORES CONTENIDOS EN EL IDEARIO DEBEN SER ACEPTADOS, RESPETADOS Y PUESTOS EN PRÁCTICA, SEGÚN LA TAREA DE CADA UNO, POR:

  1.  Las religiosas que, llamadas a vivir el carisma de la Madre Camila,  se comprometen a traducirlo cotidianamente en su estilo de vida y de servicio apostólico.
  2. Los laicos,  llamados a compartir con modalidades diversas el carisma josefino.
  3. Los trabajadores contratados y los voluntarios.
  4. Las personas confiadas a nuestro cuidado y sus familias.
  5. Toda persona que colabore de manera estable en nuestras casas.

IDEARIO JOSEFINO

PREMISA

COMO PARTE DE LA IGLESIA Y DENTRO DE SU MISIÓN, SOMOS UNA CONGREGACIÓN DESTINADA AL SERVICIO DE  LA CARIDAD,   SOBRE TODO EN LOS PUEBLOS DE LA CAMPAÑA,  CON UNA OPCIÓN PREFERENCIAL POR LOS POBRES.

Participamos en la acción evangelizadora de la Iglesia 1.-El objetivo  final de todas nuestras actividades es participar en la misión profética de la Iglesia, “evangelizando con el anuncio de Cristo comunicado con el testimonio de la vida y  de la palabra”(LG 35), cada uno desde su  particular vocación. “En los laicos, esta evangelización adquiere una nota específica y una eficacia particular por el hecho de que se realiza en las condiciones generales de nuestro mundo”(Ibid.).

2.- Este compromiso evangelizador nace del bautismo, por medio del cual  Dios  nos llama a  formar parte de la Iglesia y contribuir a sus santidad, viviendo  la peculiar  dimensión de Cristo  que constituye  nuestro carisma, recibido y trasmitido por la Venerable Madre Camila de San José Rolon , y encarnando en el momento presente su estilo de servicio caritativo.

3.- El Padre Celestial ha manifestado de muchas maneras un amor  y una solicitud especial por los pobres, y ha ordenado amar al prójimo como a sí mismo,  y ayudar y consolar a sus hijos más indigentes. El Señor Jesús, suprema revelación del amor de Dios, ha añadido que  quien ama y ayuda a los pobres y necesitados, lo ayuda a El: “Cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis”(Mt  25,40).

4.- La venerable  Madre Camila Rolon de San José  entendió bien estos preceptos y los llevó a cabo diligentemente. Iluminada por el Espíritu Santo, percibió con claridad  una urgencia de la Iglesia  de su época:  el abandono espiritual en que se hallaba la campaña. Para poner un remedio eficaz a las consecuencias de este grave mal, mediante el carisma recibido como don del Espíritu fundó la Congregación de las Hermanas Pobres Bonaerenses de San José, destinada “a asilar, acoger, amparar la pobreza y el abandono”, dedicándose   “a  la educación  de las niñas pobres sobre todo en los pueblos de la campaña,  y a la visita de los enfermos menesterosos a domicilio”.  “Esto, esto es lo que necesitan los pueblos,  formar a la mujer pobre, honesta y trabajadora en el Santo Temor de Dios; los ricos ya tienen las capitales  cuajadas y llenas de grandes colegios…” (MC).

Con un estilo propio de vida y de servicio 5.- Como depositarias del carisma de la M. Camila, queremos seguir sus  huellas, viviendo la  SANTA POBREZA EVANGÉLICA: Configuración con Cristo Pobre, abandonado filialmente en el Padre y entregado totalmente a sus hermanos,  hasta la cruz (Cf. Const., I,3 a).  A su ejemplo, en nuestra relación con Dios y con nuestros hermanos expresamos el amor misericordioso del Padre y lo hacemos palpable mediante “el ejercicio de la caridad desinteresada, con una opción preferencial por los pobres: niños y jóvenes abandonados, ancianos desamparados, enfermos menesterosos”(Const., I,3 a).

6.-  “Fieles al espíritu de la Madre Camila, capaz de ir hasta el fin del mundo por amor de su Dios y de la Iglesia Santa, estamos dispuestas, desde nuestra pobreza, a abrirnos a la misión ‘ad gentes’” (Const., I,8)

PRIMERA PARTE

PRINCIPIOS QUE SUSTENTAN NUESTRA ACCIÓN Capítulo I EL HOMBRE, CAMINO FUNDAMENTAL DE LA IGLESIA Dignidad de la persona humana 7.-        El Evangelio del amor de Dios al hombre, el Evangelio de la dignidad de la persona humana y el Evangelio de la vida son un único e  indivisible Evangelio. Por ello, el hombre viviente, constituye el camino primero y fundamental  de la Iglesia” (EV 2).

8.- Creada por Dios y redimida por Cristo, la persona humana es sagrada en su cuerpo y en su alma. “La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la comunión con Dios” (GS 19,1).

9.- El hombre está llamado a una plenitud de vida que va más allá de  las dimensiones de su existencia terrena, ya que consiste en la participación de la vida misma de Dios,  es realidad sagrada, que  se nos confía para que la custodiemos con sentido de responsabilidad y la llevemos a perfección en el amor y en el don de nosotros mismos a Dios y a los hermanos(cf. EV 2).

10.-El hombre, abusando de su libertad, desobedeció el mandamiento de Dios; por  medio de Jesucristo,  recibió la gracia de convertirse en hijo adoptivo de Dios,  la fuerza para superar el mal  y  la capacidad de construir relaciones fraternas, y de caminar hacia el Padre junto con sus hermanos los hombres, ya que la imagen divina presente en todo hombre resplandece en la comunión de las personas, a semejanza de la unión de las Personas divinas entre sí.

Necesidades y vocación  del hombre 11.- El hombre tiene necesidades fundamentales,  de cuya satisfacción depende su comportamiento: de conseguir libremente  su desarrollo  y disponer de los medios para lograrlo; de entrar en comunicación con los otros, dar y recibir  atenciones, estima y amor, ser miembro activo de una familia y de una comunidad.  Necesidad de Dios, manifestada en su deseo innato de trascendencia. Sólo en Jesucristo, el hombre  puede descubrir la llamada a la perfección del amor,  a vivir  con espíritu fraterno, a participar  en calidad de hijo de la vida íntima de Dios. (cf. GS 22,1).

Su lugar en el mundo y en la historia 12.- El hombre es el centro de la creación.  Se le ha dado la tierra como  un hogar en el que  todos deben encontrar los medios necesarios para  vivir  dignamente y  poder gozar  y compartir la alegría de la amistad con los demás. Pero el mundo está amenazado por una cultura de muerte y sufre graves desequilibrios, que pesan especialmente sobre los más débiles,  hasta hacer inhumanas sus condiciones de vida. Dios, con su amor de Padre, conduce a la humanidad a la salvación a través de su historia, pero reclama la colaboración de sus hijos, invitando a todos los hombres y los pueblos a transformar el mundo por el amor, para que la paz y la fraternidad puedan brotar y crecer hasta  que llegue el cielo nuevo y la tierra nueva.

Los pobres son los destinatarios  de nuestra misión 13.- “La miseria humana atrae la compasión de Cristo Salvador, que la ha querido cargar sobre sí e identificarse  con los más pequeños hermanos. También por ello, los oprimidos por la miseria son objeto de  un amor de preferencia por parte de la Iglesia, que, desde sus orígenes , y a pesar de los fallos de muchos de sus miembros, no ha cesado de trabajar para aliviarlos, defenderlos y liberarlos. Lo ha hecho mediante innumerables obras de beneficencia, que siempre y en todo lugar continúan siendo indispensables”(CIC 2448).

14.- Nuestra misión nos pone al servicio de los pobres. Ellos ocupan un lugar importante en la transformación  del mundo. Aportan motivos de esperanza y amor,  tienen grandes impulsos y energías morales. Nos ayudan a comprender mejor al hombre, hecho para amar y compartir, y  a algunos de sus rasgos más definitorios: la primacía  del amor sobre la inteligencia, la autosuficiencia y la belleza; la necesidad de dar sentido al dolor; la vocación para luchar contra el mal y la aspiración a una vida que ya no esté marcada por el dolor. Los pobres nos evangelizan y nos educan, su presencia es determinante para transformar nuestra realidad humana en la civilización del amor; reconociendo y promoviendo su dignidad, reconocemos nuestra propia dignidad de personas y testimoniamos el amor de Dios entre nosotros.

Capítulo II MODELOS DE REFERENCIA Las tres personas de la Santísima  Trinidad son  el Modelo por excelencia de nuestro estilo de vida y apostolado: Dios,  Padre providente, lleno de ternura y misericordia

15. -El origen y fundamento es la  pedagogía de Dios, que actúa con nosotros como un padre providente y misericordioso Nos ama infinitamente como hijos suyos queridos. Se compadece de cada uno  como si fuera único. Siente particular predilección por los más necesitados, a quienes acoge y protege de modo especial Nos educa con infinita paciencia y  ternura. Acepta a cada uno tal como  es, y lo ayuda a crecer junto con los demás. Porque cree y confía en el hombre, le pide que dé fruto. Nos congrega en una sola  familia, nos une con vínculos de amor fraterno y nos guía hacia la comunión plena entre nosotros y con El.

Jesús, abandonado filialmente  en el Padre y entregado totalmente a sus hermanos por amor

16.-  La  revelación del amor y misericordia de Dios tiene en la historia del hombre una forma y un nombre: se llama Jesucristo( cf. DM).Con su persona y con su vida,  Jesús nos muestra cómo debe ser nuestra relación  con Dios y con nuestros  hermanos. Como El y con El estamos  llamados a mostrar con nuestras obras que  Dios es un Padre que cuida con  esmerado cariño  a sus hijos y que sólo el amor misericordioso es la verdadera medicina para atajar los males de la humanidad..

17.-  Nos  pide un abandono filial en la Divina  Providencia  que cuida de las más pequeñas necesidades de sus Hijos: “No os acongojéis diciendo: ¿Qué  comeremos o con qué nos cubriremos? Vuestro Padre sabe  que tenéis necesidad de estas cosas.  Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.

18.-  El lleva este abandono y confianza en el Padre hasta la cruz. “Aceptando en su corazón humano el amor del Padre hacia los hombres, los amó hasta el extremo”(CIC 609). Ofrece con total libertad su vida por nosotros, carga con nuestros pecados, se hace solidario de nuestras miserias  En la cruz, nos ha reconciliado a todos  entre nosotros.  Se ofrece como alimento en la Eucaristía, y  permanece en el Sagrario,  siempre dispuesto a escucharnos, consolarnos, acompañarnos  y congregarnos junto a sí en la unidad.

El Espíritu Santo

19.-  En el milenio que comienza tenemos el desafío de hacer de la Iglesia la casa y la escuela de comunión. Esta es el fruto y la  manifestación  del  amor  que surge del corazón del Padre y se derrama en nosotros a través del Espíritu Santo que Jesús nos da  para hacer de nosotros una comunión de amor.

María, materna, acogedora y servicial

20.-  La Sma. Virgen María, respuesta fiel y total de una persona humana a la llamada de Dios,  hace comprensible y accesible para todo ser humano el amor de Dios que Cristo nos ha revelado. Por ser madre de Cristo y de los hombres, pone de manifiesto los componentes más maternales del estilo educativo de Dios.

21.-  María  “sobresale entre los humildes y pobres del Señor, que de El con confianza esperan y reciben la salvación”(LG 55).” “Pronunció su fíat ocupando el lugar de toda la naturaleza humana”(CIC 511). “A la luz de María, la Iglesia  lee en el rostro de la mujer los reflejos de una belleza, que es espejo de los más altos sentimientos de que es capaz el corazón humano: La oblación total del amor, la fuerza que sabe resistir a los más grandes dolores,  la fidelidad sin límites,  la laboriosidad infatigable y la capacidad de conjugar la intuición penetrante  con la palabra de apoyo y de estímulo”(RM 46).

22.-  Su existencia terrena  es un continuo canto de amor vivido en pobreza y entrega. No se repliega sobre su gozo ni sobre su dolor:  Su sensibilidad materna le permite   darse  cuenta de quién necesita algo. Al pie de la cruz, nos acoge como hijos y se hace cargo de nosotros. Se acerca  a todos con amor solícito, con el único deseo de que el designio de Dios se cumpla en cada hombre y en la humanidad  entera. Está presente en medio de la humanidad, a lo largo de la historia, sobre todo en los momentos más difíciles, “anclada”  en nuestra tierra  para  poder acogernos,  y escuchar mejor nuestras cuitas y nuestros gozos. Mantiene viva nuestra  esperanza; nos ayuda a comprender los proyectos de Dios; nos sostiene y nos anima en nuestros esfuerzos. Bajo el suavísimo título de Nuestra Señora del Carmen, Madre y Señora de la congregación,    nos cobija bajo su manto, nos reúne, nos acerca el Niño, nos lo entrega y nos invita a hacer lo que El nos diga.

José, disponible, silencioso y trabajador 23.-  “Su paternidad se  ha expresado concretamente en hacer de su vida un servicio… El crecimiento de Jesús en sabiduría, edad y gracia, se desarrolla en el ámbito de la Sagrada Familia a la vista de José, que tenía la alta misión de “criarle”, esto es  alimentar, vestir e instruir a Jesús en la ley y en un oficio, como corresponde a los deberes del padre” (RC).

24.-  José está siempre disponible. Cuando acepta el misterio de la encarnación y cuando se le ordena huir a Egipto.  No calcula. Más que dominar los acontecimientos, le interesa buscar su sentido. Prefiere el saber que viene del misterio al saber calculador. Es custodio de vida. Le importa más guardar  personas y dar cariño, que  cuidar bienes. Privilegia la calidez de la relación. Revela y comunica el amor. Pone  su amor en obras. Es capaz de contacto hondo y silencioso,  que se expresa en el amor y en la atención  a todas las necesidades que Dios puede manifestar en el prójimo.

Nazareth, modelo de la santidad oculta en los gestos cotidianos de la vida ordinaria 25.-  Nuestra Venerable Madre nos recuerda que “debemos imitar la vida oculta de nuestro querido Jesús y su Sma. Madre y nuestro Smo. Padre Sr. San José, en el humilde taller de Nazareth. Según este modelo hemos de procurar todos los días… regular nuestras acciones  por aquellas virtudes  que nos son más necesarias  para el fin a que somos llamadas”.

26.-   “La vida oculta de Nazareth  permite a todos entrar en comunión con Jesús a través de los caminos más ordinarios de la vida humana: ‘Nazareth es la escuela donde se comienza a entender la vida de Jesús: la escuela del Evangelio… Una lección de vida familiar. Que Nazareth nos enseñe lo que es la familia, su comunión de amor, su austera  y sencilla belleza, su carácter sagrado e inviolable… Una lección de trabajo. Nazareth , oh casa del “Hijo  del carpintero”!, aquí es donde  querríamos comprender y celebrar la ley severa y redentora del trabajo humano’(Pablo VI, Nazareth, 5-I-64)(CIC 533)”.

Camila Rolon, Pobre de San José 27.-  Camila asimiló estos modelos y los encarnó en su vida de manera propia y original, haciéndolos accesibles para nosotros. “Descubrió “los anchurosos senos de la Providencia”, imagen  con la que expresaba la ternura y misericordia del Padre donde ella se sentía cobijada amorosamente. Porque descubrió las entrañas de misericordia de Dios,  inclinado amorosamente sobre ella;  quiso ser misericordia para todos. Por eso,  acogió a todos, y principalmente a los más desvalidos, sin pedir ni reclamar nada. Vio en cada uno de  ellos la imagen de Cristo, que siendo rico, se hizo pobre por nosotros.

28.-  Comprendió que el que ama de verdad es un pobre, porque da sin esperar ni buscar recompensa, y  esto la llevó a la configurarse con Cristo Pobre. Vivió la pobreza evangélica como respuesta de amor. Las palabras de Jesús en Mt 6, 31-33 fueron su programa de vida: “ No os acongojéis  diciendo: ¿Qué comeremos  o con qué nos cubriremos? vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Vivió abrazada al santo árbol de la Cruz, y murió libre de todo apego. Experimentó que sólo Dios basta, es decir, sólo Dios alcanza para calmar nuestra sed de amor.

29.-  Sintió una inmensa ternura por los pecadores: “Se me ha descarriado y perdido una ovejita querida, yo pregunto por ella y soy importuna, y hallándola, yo iré y me la pondré sobre mis  hombros, y la traeré al aprisco, en donde le haré beber las cristalinas aguas de sanas doctrinas, para que se convierta y viva, y no quede descarriada en  este mundo donde  se ceban esos lobos inmundos. Es verdad que no es fina, pero sé que tiene un alma capaz de  alabar a Dios por eternidad de eternidades, y esto es lo que me hace ser importuna”.

30.-  Mujer de excepcional estatura moral y de  envidiable sensibilidad eclesial, dotada por Dios de una  extraordinaria caridad hacia  el prójimo, especialmente el más necesitado,  marginado, desheredado, la Madre Camila aparece resplandeciente con  los signos de los santos, en particular de aquella predilección evangélica hacia los últimos. Ella abrazó con generosidad la causa de los pobres y quiso que en sus hijas este campo de apostolado ocupase un puesto privilegiado… “Pobre de San  José” parece su mayor título de gloria”(cf. Votos de los Consultores Teólogos 1992).

Capítulo III OBJETIVOS GENERALES Promoción integral del hombre 31.-  Porque vemos en cada persona  un hijo y un hermano que Dios nos ha confiado, nos sentimos  corresponsables de su crecimiento. Toda nuestra actividad tiene por fin la promoción integral del ser humano en todas y cada una de sus dimensiones, según las cualidades de cada uno. Este objetivo de promoción integral se refiere no sólo a los individuos sino  también a los grupos sociales y a los pueblos en los que estamos presentes. Buscamos, por lo tanto, el progreso material, moral, espiritual y religioso de las personas,  siempre dentro del respeto a su historia y a su cultura.

32.-  Con respecto a su  salud física, les ofrecemos dentro de lo posible  la asistencia y el cuidado adecuados, aún cuando según las ciencias humanas no haya esperanza de curación. Procuramos el bienestar y el desarrollo psíquico de las personas, intentando mantener  viva y acrecentar la conciencia de su dignidad y vocación, abrir sus corazones a la pura alegría de vivir, y potenciar cuanto sea posible sus facultades psíquicas, aún cuando a causa de su ancianidad u otras circunstancias estén disminuidas  en sus capacidades cognoscitivas, afectivas y volitivas. Sobre todo, nos esforzamos por ayudarles a tener un corazón capaz de acoger sinceramente al prójimo, sensible a las necesidades de los demás, generoso y dispuesto a ayudar a todos.

Evangelización 33. -Nuestro servicio caritativo al prójimo tiene una finalidad evangelizadora. Procuramos llevar a todas  las personas al conocimiento de Dios como Padre lleno de ternura y misericordia, y digno de ser amado y servido por sobre todas las cosas, aunque respetamos la opción religiosa de cada individuo. “Cuánto bien podéis hacer, carísimas, a esas almas de esos pobrecitos, que ellos, como nosotros, han sido redimidos con la misma  preciosísima sangre de nuestro Señor Jesucristo !”(MC).  Nuestra acción pastoral tiene  como fuente la palabra de Dios, debe proceder de la íntima unión con Cristo, y esta alcanza su plenitud cuando se compromete a llevar a los otros a la comunión con Dios, poniéndose al servicio de los demás.

Irradiación  de la Caridad 34. -Así como buscamos la promoción de la persona,  hacemos lo posible para que  el amor a Dios y al prójimo se irradie y vivifique  todo: individuos,  instituciones sociales, actividad, relaciones personales  y de grupo. Nos esforzamos especialmente para que las personas abran sus corazones al amor, se dejen inspirar e impregnar por este valor supremo, asuman su lenguaje y sus dinámicas, y pongan un poco de amor en todo lo que hacen. Invitamos a todos para que el mandamiento del amor fraterno guíe las  relaciones con los demás, con la radicalidad y amplitud que Jesús quiso. El nos enseña a transformar el amor  en servicio y  convertir nuestra existencia en un regalo permanente al prójimo, más aún si está necesitado. Por lo que respecta a la sociedad, nuestro compromiso se encamina a la sensibilización, a fin de que  todos sean ayudados a tomar  parte activa en el progreso de la civilización, para que ninguno se quede atrás, solo y abandonado, sino que todas las vidas y todas las personas se sientan acogidas y rodeadas por el amor y por el cariño.

Construcción de la comunión 35. -No sólo queremos realizar  la comunión en el interior de nuestras obras, sino también participar en la construcción de una sociedad solidaria  y fraterna, según el proyecto de Dios que desea que todos seamos uno en Cristo por la caridad. El amor que reina dentro de la propia familia se debe manifestar en la relación con la sociedad circundante, participando  activamente y  contribuyendo a su desarrollo.

36. -Queremos responder a las llamadas de la Iglesia y a la necesidad de concordia y paz del mundo de hoy mediante  la difusión de una mentalidad en la que los hombres se reconozcan no sólo iguales sino hermanos. Queremos contribuir al desarrollo de un clima de respeto, acogida, concordia y fraternidad tanto en las familias como en los grupos sociales y los pueblos. Para eso favorecemos el diálogo y la comunicación, porque sabemos que la incomunicación crea incomprensiones y divisiones.

Capítulo IV PROMOCIÓN HUMANA Y EDUCACIÓN Todas nuestras comunidades  educan 37.-  Todas nuestras obras se pueden considerar comunidades eclesiales socio-educativo-asistenciales-pastorales,  porque  todas ellas  abarcan estas dimensiones, y principalmente la educativa. En efecto,  la educación es un  proceso que hace posible que las personas se comuniquen desde lo más profundo de su alma, en un intercambio recíproco de afectos, ayudas y sentimientos, y por lo tanto no se realiza únicamente en el ámbito escolar.

La educación es  una relación de amistad y de ayuda 38.-  La educación es una relación de amistad, deseada y querida, por medio de la cual se ofrece al prójimo, por una parte  un constante y afectuoso acompañamiento en la conquista de valores,  y por otra, una ayuda en sus necesidades. En una relación así, el otro responde con sentimientos de amistad, con mensajes y estímulos que a su vez, mejoran la personalidad de quien ayuda.El proceso educativo es un camino que recorremos juntos hacia la madurez: todos alimentan su propia identidad y todos se ayudan y se apoyan mutuamente. De este modo, quien procura el crecimiento de los demás consigue el propio, y quien favorece la perfección de los otros, alcanza la suya.

Es un proceso de autoformación 39.-  La educación es sobre todo obra del corazón, porque nace en lo más profundo del mismo, allí donde brotan sentimientos, pensamientos, intenciones, proyectos y decisiones. Educar significa formar al ser humano desde el interior, es decir mediante un proceso intencionado que ponga en marcha todas sus posibilidades, y le permita liberarse de todos los condicionamientos que le impedirían ser él mismo. El desarrollo de la persona  solamente tiene lugar  cuando ella hace suyos los conocimientos y los valores.

Es obra de la gracia de Dios 40.-  La gracia de Dios es la que otorga fecundidad al trabajo educativo. Dios es el principal protagonista, que educa continuamente a sus hijos y actúa en su corazón. Con su gracia llega a lo más hondo del corazón, allí donde la habilidad humana no alcanza; con su gracia despierta hasta las más recónditas posibilidades y produce frutos que al mismo hombre le parecen portentosos.

Es un proceso social 41.-  Familia y sociedad son un ambiente que  constituyen una propuesta formativa por sí solos. En colaboración recíproca, deben  procurar cumplir su finalidad de formar personas realizadas y felices.

Es un derecho inalienable 42.-  La educación es un derecho inalienable de todo ser humano, porque nace de su propia dignidad. Es un derecho inalienable de todas las instituciones sociales, porque  como agentes y vehículos de formación, han sido llamados a un compromiso de perfección y madurez. Es un camino que toda la humanidad puede recorrer  y es también una posibilidad de crecimiento que debe ser ofrecida a todos, aún a aquellos que  por cualquier motivo, son seres en desventaja , y sin embargo tienen el derecho de llegar a su propia realización como hombres y mujeres destinados a la plenitud de la existencia

SEGUNDA PARTE

ESTILO  JOSEFINO VALOR FUNDAMENTAL: LA CARIDAD 43.-   “… conserven fielmente el espíritu de mi Instituto, no apartándose por ningún motivo del fin con que se fundó, es decir: la santificación de sus miembros y el bien espiritual y corporal del prójimo practicado con desinteresada caridad cristiana…”(MC).

44.-  “Una cosa quisiera encareceros todavía, carísimas Hermanas. Conservad intacto e íntegro ese espíritu de caridad desinteresada, que constituye la marca característica de vuestra congregación. Mientras sois pobres, sufrís la pobreza, y amáis la pobreza,  mientras no reclamáis nada por vuestras obras de caridad,  buscando a los pobrecitos con qué se cubran y con qué se alimenten; mientras vosotras mismas os sacrificáis en todo sentido por ellos, quitándoos  también el bocado necesario para darlo a ellos, el Señor os amará y no os abandonará y prosperaréis más y más”(P. Santiago Barth, Visitador Apostólico. 15 –  X – 1903). “Cuidar de los pobres  hasta  el punto de buscarles el sustento y pasar por todas las humillaciones de pedir limosna y sufrir privaciones propias, es una caridad sublime que muy pocos institutos profesan.  Es el mérito de la Madre haber injertado ese espíritu en sus religiosas”(Ibid.  26-XII-1903).

45.-  Nuestro estilo de vida  y de servicio al prójimo debe inspirarse  en el modo de actuar de Dios , por lo tanto debe cimentarse en  la caridad. El amor es el alma y la fuerza que da vida,  proporciona los elementos esenciales de nuestra metodología, suscita y configura las actitudes interiores y las  conductas en nuestras relaciones  personales,  crea un clima especial,  y determina los criterios generales de actuación.

46.-  La caridad tiene su origen en Dios y en nosotros se traduce en misericordia para con los demás. Nos mueve a  buscar al hermano necesitado, a ponernos en su lugar, a socorrerlo y hacernos cargo de sus necesidades. El amor supera distancias y diferencias, lleva a una comunión de afectos, de sentimientos fraternales y de amistad. El amor todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Es capaz de ver el bien aún cuando está escondido y sabe que por él y sólo en él somos educables, confía en los caminos de la Providencia y en la fuerza de la vida,  sostiene iniciativas y afronta dificultades, con tal de  elevar la dignidad de las personas. No sabe de fronteras, ni de razas, ni de tiempo, ni de espacio .

Capítulo I PRINCIPIOS FUNDAMENTALES Asilar, acoger, amparar 47.-   “Nuestra misión es  asilar, acoger, amparar la pobreza y el abandono”(Const.). Dar cariño es el presupuesto previo de toda educación. Y el primer paso para dar cariño es acoger con corazón abierto y disponible, como se hace con los miembros de la familia, preocupándose por la persona en sí antes que por sus problemas, sin fijarse en méritos o deméritos, sabedores de que todos tienen derecho a ser acogidos y amados. Convencidos de que somos  hijos amados del mismo Padre que está en los cielos,  que nos recibe “en los anchurosos senos de su Providencia”, reconocemos en cada persona  un hermano y la acogemos con ternura fraterna, le mostramos cada vez de forma más clara, nuestro cariño, estima y confianza, respetamos sus limitaciones y miserias, de manera que  comprenda lo importante que es para nosotros, independientemente  de sus virtudes o defectos, de sus experiencias anteriores o de su actual situación, estamos  dispuestos a hacernos cargo y compartir sus  necesidades con amor desinteresado, y  esto lo hacemos particularmente con los pobres y desamparados, porción predilecta de Cristo y de su Iglesia. La acogida se transforma en aceptación afectuosa de cada pueblo,  tal como es, evitando juzgar a la gente por su aspecto externo.

Con amor gratuito y desinteresado 48.-  Nuestro carisma de pobreza evangélica,  nos lleva a imitar  el infinito amor  del Padre, que se da enteramente  a nosotros en su Hijo, sin reservarse nada.  Nuestra  Vble.  Madre Camila fue intransigente en exigirnos  la gratuidad, que debe caracterizar nuestro servicio apostólico y caritativo. Imitando el proceder de Dios, y siguiendo el consejo del Apóstol de dar gratuitamente lo que gratuitamente hemos recibido, quiere que pongamos a disposición del prójimo  todo: bienes, tiempo, dones, talento… vida,  sin esperar recompensa  ni reconocimiento alguno. “Las pobres hijas de San José no tienen otra aspiración que hacer el bien al prójimo, en todo aquello que reclame la caridad, sin otro interés que la mayor gloria de Dios y la santificación de las almas”(MC).

49.-  Esta actitud interior  tiene una de sus manifestaciones en  la atención gratuita al pobre pero es mucho más profunda y abarcativa. Está estrechamente unida a la de agradecimiento, y ambas son fruto de la pobreza y humildad de corazón.

Desviviéndose por ayudar al prójimo 50.-  Nuestro trabajo es tarea de cada día y de  toda la vida. La Vble. Madre nos  exhorta con su ejemplo y con su palabra a no desfallecer en  nuestro esfuerzo por el bien del prójimo. “Vamos, que mucho hace el que mucho quiere, pues que es mucha verdad que querer es poder. No sean flojas, miren al cielo,  el padecer es corto por un eterno gozar. Adelante pues, y no acobardarse”  (MC).        “Vigilad sin descansar sobre vuestros deberes, que siempre se vea una de vuesas caridades  por las Salas del dolor, procurándoles algún alivio, ya con una gota de agua, ya con una palabra de aliento, confortando y alentando a esos pobrecitos, nuestros hermanos, confiados por la Divina Providencia a nuestros cuidados”(MC) “Con todas las veras de mi alma os recomiendo que cuidéis de esa porción preciosa  que os ha  sido confiada de pobrecitos niños, que cuidéis de su educación, limpieza y alimentos, que sean sí, sencillos pero bien sazonados,  que cuide bien por sí misma la celadora de su limpieza camitas comedores y roperías, todo en orden, sus pies y manos, cabecitas y cuerpitos, todo limpito, y que  en las clases y comedores jamás estén solos,  enseñadlos a esos angelitos con cariño y suavidad… Enseñadles a amar a Dios, a Jesús María y José, y que tengan gran devoción a las  Santos ángeles custodios y a rezar el Santo Rosario”(MC).

Con una absoluta confianza  en la Providencia 51.-   “No os acongojéis diciendo: ¿Qué  comeremos o con qué nos cubriremos? Vuestro Padre sabe  que tenéis necesidad de estas cosas.  Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas …”(Mt 6, 31-33). En  estas palabras de Jesús, Camila encontró la clave  de su vida y de su actividad apostólica, concebidas como entrega  por el Reino en la más absoluta pobreza.

52.-  Queremos que esta total confianza en la Divina Providencia, que nos permite actuar con serenidad y discernir  qué es lo que realmente importa, convencidos de que Dios suple nuestra pequeñez e insuficiencia, porque las obras que realizamos son de El,  impregne todo: relaciones personales, ambientes, decisiones, caminos.

53.-  Con este fin, nos esforzamos por vivir “abandonadas en los anchurosos senos de la Providencia”(MC), buscando los valores trascendentes y, por lo tanto, desprendidos de lo material, teniendo como preocupación fundamental  la mayor honra y gloria de Dios y la extensión del Reino. “No hay más que echarse en los brazos amorosos del Buen Señor, y dejarnos guiar como los niños, y de aquí tanta paz”(MC).”  “…Hagamos  todo lo que hacemos con la única mira de agradarlo a El sólo únicamente; no dejemos jamás de hacer aquello que nos imponen nuestros deberes, por pequeño que parezca, y fuera temores, que Dios es nuestro amoroso Padre y lo que quiere es que le sirvamos con amor, por ser El quien es y nada más, y todo esperémoslo de su infinita bondad y el nos ayudará”(MC).

Capítulo II ESTILO DE RELACIÓN 54.-  Toda relación personal nace en el  corazón y transita por sus senderos. Este es  el camino más eficaz y el más respetuoso.

a) Implica actitudes interiores Benevolencia 55.-  Brota del corazón y nos inclina a querer el bien de los demás con  todas nuestras fuerzas. A imitación  del  Padre, nos  lleva a acoger al prójimo como a una persona digna de recibir y dar amor y no como alguien a quien  hay que ayudar.  Establece  relaciones de hermanos que se ayudan y se aman mutuamente, no de “bienhechor a beneficiario”.

Misericordia 56.-  Deja que el corazón se conmueva ante  las múltiples necesidades de los hombres; acoge  en lo más profundo del ser su grito de ayuda, especialmente cuando sale desde la debilidad de los sin voz, y comparte  su dolor como si fuese propio.  Nos capacita para comprender al hermano, cuidarlo, aliviar su dolor y asumir la responsabilidad de su camino.

Amor operativo 57.-  El amor operativo nos lleva a ofrecer sin dilación cuanto necesitan los demás. Nos empuja a buscar con diligencia  y creatividad todo lo  pueda favorecer el desarrollo de cada uno, aún con sacrificios y riesgos.  “… .mucho tiempo hace que acaricio la idea de  hacer algún bien a los pobres en ese pueblo, mucho más hoy que estoy  con la impresión que he recibido el encontrarme en Mendoza con un Asilo en el que hay unos cincuenta pobres,  muchos de ellos tullidos, sordomudos,  ciegos y todos pobrecitos, llenos de miserias, en donde las hermanas tienen campo vasto para ejercer su santo ministerio Oh, hijas, si vierais aquello, cómo os animaríais a trabajar mucho por el Amor del Señor!”(MC).

b) Que se manifiestan al exterior en las relaciones personales Estima y respeto 58.-  Cuando apreciamos a alguien no nos fijamos en sus limitaciones sino en sus cualidades, sobre todo en la riqueza interior de su corazón, y solamente nos importan sus virtudes morales y espirituales, que suelen ser grandes en quienes han sido heridos por el dolor y aplastados por las carencias.  “No hay medio más eficaz para ganar los corazones, para llevarlos a Dios, que la suavidad y el buen trato”(MC).

59.-  La estima hace que siempre consideremos al otro, sobre todo al marcado por la pobreza, como una persona con la misma dignidad que nosotros. Se expresa  en un respeto profundo por  su historia,  su  mundo interior, sus proyectos, sus exigencias. El respeto y la estima, junto con la capacidad de observación, nos permiten descubrir la belleza oculta en la no belleza del sufrimiento, de la miseria, del vicio. Ante el misterio del dolor, se  traduce en gestos de sincera comprensión, paciencia sin límites y exquisita delicadeza.

Confianza 60.-   El optimismo cristiano tiene su origen en el convencimiento de que  el bien es más fuerte que el mal,  de que la gracia de Dios actúa con eficacia en los corazones y que en todos los hombres las virtudes son superiores a los defectos; nos lleva a creer en su bondad y a poner de relieve sus virtudes, por pequeñas que sean.

61.-   La confianza favorece el diálogo abierto y espontáneo en la vida cotidiana y no solo en momentos especiales.  Privilegia el amor,  la misericordia, el respeto de la libertad, la comprensión de la persona en su situación concreta. Sabe esperar.  Se manifiesta cuando uno abre su corazón al otro con sinceridad, sin miedo, cuando se ayuda y se anima mutuamente con el consejo amigo y con la corrección fraterna, cuando se concede a los demás la libertad de acción para que cada uno pueda sacar lo mejor de sí. .Para conseguir y alimentar este diálogo, evitamos cuanto hiera la estima y el buen nombre de las personas. Perseguimos el intercambio de ideas y de experiencias, que sin duda mejorarán a los demás y a nosotros  Ante los errores, la confianza no decae, sino que se afianza con renovada caridad y anima a proseguir el camino emprendido, contando con la ayuda de Dios, de los hombre y de las propias cualidades.

Acompañamiento 62.-    Es ponerse al lado de los demás con amor de padre, de hermano, de amigo, pero sin sustituirlos y sin comprometer su libertad y autonomía. Compartir sus valores, sus cansancios, sus problemas, sus alegrías, sus amarguras, sus miedos y sus esperanzas. Animar, aliviar el dolor, sentirse responsable, pero respetando la libertad. Es  tener un presencia asidua y fraterna que se hace realidad cuando compartimos la v ida de cada día. Por eso hay que participar de buena gana y con entusiasmo, en los momentos comunitarios de la vida cotidiana, aunque esto signifique sacrificar nuestra libertad, nuestros gustos y comodidades.

Promoción 63.-  Las personas no sólo necesitan amor, sino todo tipo de ayuda que pueda favorecer el crecimiento de los múltiples aspectos de su personalidad. Nos proponemos ofrecerles de forma constante, clara y convencida todas las posibles propuestas  y ocasiones educativas, atendiendo especialmente a la calidad, conscientes de que el desarrollo del ser depende  en gran medida de las oportunidades formativas que se hayan puesto a su disposición.

Valoración 64.-   En cualquier proyecto de promoción de personas o de pueblos, es principio básico poner de relieve las capacidades naturales y de la gracia, innatas y presentes en cada hombre y en cada cultura  en una medida mayor de lo que  pueda parecer a primera vista. Por eso nos esforzamos por descubrir todas las cualidades que posee cada hombre: físicas, psíquicas, morales y espirituales, y cuanto de bueno pueda encontrarse en la cultura de cada pueblo. Sólo un amor  inteligente y creativo puede  llevar a cabo esta  tarea educativa, delicada pero imprescindible. No escatimamos esfuerzos  educativos ni ahorramos instrumentos adecuados para que  los individuos y los pueblos  tomen conciencia de sus cualidades y de sus capacidades, especialmente de las del corazón, y se decidan a cuidarlas  y potenciarlas, logrando dar lo mejor de sí mismos. Dejamos de lado prejuicios,  sabiendo que en muchas ocasiones virtudes y destrezas yacen escondidas, cuando no enterradas por  limitaciones y aspectos negativos,  y arriesgamos el todo por el todo para que puedan salir a la luz y dar fruto.

Estímulo 65.-  Dar ánimo es el gesto y la palabra adecuada que empujan al hermano al bien casi sin darse cuenta, y lo encaminan a una situación  en la que los valores puedan ser acogidos, asimilados y vividos.  Es una acción paciente y constante  de estímulo y gratificación. Utiliza la persuasión, haciendo lo posible para que todos lleguen a comprenderla importancia del bien, la verdad y la belleza. Ante el hermano en dificultad o sufrimiento,  busca los medios  para animar, sostener, consolar, avivar su esperanza y evitar que caiga en el desaliento.

Prevención 66.-  La prevención es una premisa irrenunciable para alcanzar

67.-  la promoción de las personas y de las comunidades. Consiste en impedir que incurran en cualquier forma de mal, que sufran retrocesos físicos o psíquicos,  y que caigan en experiencia negativas. Con este fin, se toman las medidas  oportunas para que las personas, las comunidades y la misma sociedad puedan defenderse de los peligros y superar las dificultades, motivadas muchas veces por las mismas condiciones socio ambientales. Hay que capacitar a las personas y comunidades para que afronten peligros y dificultades con coraje, confianza en la gracia de Dios y en sí mismas.

68.-  La prevención implica: Mantenimiento de las fuerzas físicas, psicológicas y morales y su  consiguiente reforzamiento sobre todo de los puntos más débiles. Intuir y alejar las ocasiones de riesgo físico y moral para los individuos y las comunidades. Evitar que afronten dificultades superiores  a sus fuerzas. Vislumbrar con antelación las necesidades Esta labor se traduce en profunda observación de cada persona en particular, y del ambiente en general, para captar con prontitud las señales de peligro, individualizar las situaciones de riesgo y prestar los auxilios necesarios.

Capítulo III ESTILO DE VIDA 68.-   Nuestra Vble. Madre  destaca algunos valores fundamentales, propios del espíritu josefino,  que debemos privilegiar: “El espíritu de la Congregación de San José es sobre todo un espíritu de sencillez, de pobreza, de caridad y de abandono filial a la Divina Providencia”(Primer Reglamento). “Ayúdame tú, inculcándole a las niñas y hermanas el espíritu de  Nuestro Instituto, que es de Santa Pobreza, mutua caridad, amor a los pobres y confianza en la Divina Providencia, junto con la docilidad y sumisión a nuestros Superiores”(MC).

Sencillez 69.-  “… quisiera que las pobrecillas de San José resplandecieran delante de Dios por su sencillez y mortificación”.  “Ya saben, las pobres hijas de San José no han de pretender cosa de meter ruido, aunque parezcan muy buenas y santas”. “No nos salgamos de la esfera que nos ha trazado la Divina Providencia, si queremos que las cosas marchen bien”. “Cuidado no tengan ningún ceremonial que huela a mundo, miren, como les digo, que al mundo no se le da gusto,  porque es imposible tener paz con quien saben le aborrecen”(MC).

70.-  La sencillez permite establecer relaciones  naturales y espontáneas,  atentas y detallistas, sin superficialidad  ni artificios. Se caracteriza por el trato franco, claro, sin prejuicios;  el lenguaje comprensible, sin dobleces, exageraciones, ni murmuraciones, nunca  grosero o chabacano.  Se manifiesta en la alegría, el gozo sereno de vivir juntos, participando de todos los acontecimientos de la vida cotidiana. El silencio es valorado como el espacio imprescindible para el encuentro con Dios y consigo mismo.

Pobreza 71.-  La pobreza es la  virtud  característica y caracterizadora del instituto. Tiene su espejo en la limpia,  hermosa, y perfecta pobreza de Nazareth, donde la expresión cotidiana del  amor es la laboriosidad, la solidaridad  y el servicio. Cada uno tiene conciencia de que, como pobre,  debe  dar lo mejor de sí,  a través del trabajo, el sacrificio y la oración por el crecimiento de las personas y el bienestar material y moral de la casa. Nadie debe pensar que no tiene nada que aportar, al contrario, todos deben sentirse comprometidos en el logro del bien común.

Caridad mutua 72.-   “Que se respire desde  los umbrales de sus puertas el espíritu de caridad, que se vea que Cristo reina, Cristo impera, Cristo gobierna”,  y que esto se vea y se palpe por “la unidad de sus miembros”. Con este fin, la M. Camila nos encarece amarnos  “como miembros de un mismo cuerpo, viviendo esa vida de cielo que viven los que sirven al Dios de paz en espíritu y en verdad”.  Este amor es  imprescindible para que nuestras comunidades sean una verdadera familia, donde la persona se sienta acogida y pueda desarrollar sus aptitudes, de modo que cada uno sea sujeto activo, libre y responsable de su formación permanente e integral, y de su proyecto de vida personal y comunitario.

73.-  El ambiente de cordialidad se logra favoreciendo el sentido de acogida, la generosidad en la ayuda mutua, el sincero interés por el crecimiento del hermano. El afecto  recíproco  se  manifiesta en el respeto, en la estima  de cada  uno en particular. En la preocupación por conservar y favorecer la unidad en la diversidad. Sobre todo, en el cuidado mutuo, haciéndonos cargo solidariamente de las  cargas y  defectos de los hermanos.

Amor a los pobres 74.-   “Trabajen, trabajen en favor de los pobres, que ése es nuestro fin”. “Ya veis hijas que podéis ser otras tantas fervorosas Martas, sirviendo a la persona misma de Jesús en la persona de los pobres. Ah, dichosas, porque en esto hacéis la voluntad Sma. de mi Dios, que debe ser siempre nuestro norte”.  “Sí hermana, trabaje con mucha presencia de Dios, teniendo presente que en la persona de los pobres servimos a Nuestro Señor Jesucristo”. “Cuiden bien las criaturas y reciba Asiladas y pobrecitas… no se olvide que para ellas primero es la casa, así es que procure recibir con preferencia a las pobres, y las de lejos les puede dar de comer”. “… la vida oculta de nuestro divino modelo es la que debemos seguir, y nuestra misión, los pobres, pues somos  las verdaderas siervas de los pobres, y mendigar el pan por el amor de Dios, y con la labor y el trabajo de nuestras manos ayudar a cubrir la desnudez de nuestros pobres, ya sean  niños y niñas abandonados, ya sean enfermos y desamparados, y en un total abandono en los brazos de la Divina Providencia; no temamos, hija, que Dios es fiel en sus promesas; buen ánimo y nada más”(MC).

75.-   “La Iglesia, movida por la doctrina y el ejemplo de Jesucristo, ‘abraza a todos los afligidos por la debilidad humana, más aún, reconoce en los pobres  y en los que sufren la imagen de su Fundador  pobre y paciente, se esfuerza  en remediar sus necesidades y procura  servir en ellos a Cristo’(LG 8). De acuerdo con esa norma  evangélica, enunciada por el Concilio Vaticano II y cultivada siempre en la Iglesia, Camila Rolon de San José trató con todo ahínco de modelar su propia vida y actividad … De una manera especial resplandecieron en su vida  la caridad hacia el prójimo, particularmente los pobres y enfermos, y el cultivo y  práctica  de la pobreza evangélica. Amó ardientemente la pobreza, abrazada por amor de Cristo, como un precioso tesoro que entregó a sus hermanas para que lo custodiaran como nota característica  del instituto, y quiso que consagraran enteramente su actividad al servicio de los huérfanos y necesitados”(Decreto Introd. Causa M. Camila).

Abandono filial  a la Divina Providencia 76.-   “Nuestro Gran Padre que está en los cielos todo lo ve, y El sabe lo que más nos conviene y que somos sus hijos, El no abandona a los que esperan en El. Cobijémonos bajo el manto de N. Sma. Madre la Gran Madre de Dios y N. Smo. Padre Señor San José, ellos nos tienen bajo su protección, y cobijados  en los anchurosos senos de la Divina Providencia, tengamos fe que nada nos faltará”.(MC).

Docilidad y sumisión 77.-  En la Sagrada Familia resplandecen las virtudes domésticas: José, modelo preclaro de cuidado y solicitud paternal. María, ideal sublime de amor, de modestia, de docilidad y de perfecta fidelidad. Jesús, sujeto a  María  y a José,  modelo divino de obediencia. A su ejemplo, en nuestras comunidades, las relaciones personales se llevan a cabo en una atmósfera donde la autoridad no inspira temor,  ni la diferencia de edad o de tareas crea dificultades para el trato espontáneo, donde todos se sienten útiles, hasta los más pequeños o más débiles. Se procura dosificar adecuadamente la libertad que permite expresar los  propios gustos y desarrollar las capacidades , y la disciplina necesaria  para tutelar el bien común frente al egoísmo, favorecer el desarrollo ordenado de las relaciones personales y de las actividades, y proporcionar a todos seguridad

Capítulo IV CRITERIOS GENERALES Promoción y evangelización 78.-  Promoción humana y evangelización  son dos aspectos de una única misión. Por eso evitamos que  la evangelización se reduzca al mero progreso material y humano, y no circunscribimos nuestra acción únicamente a la esfera religiosa. “Procura a las niñas pobres  el beneficio de la instrucción y educación cristiana; a los pobres enfermos les  lleva el socorro que necesitan para alivio de sus cuerpos, sin descuidar los consuelos de la religión” (Primer Reglamento) “Las criaturas se pierden porque no tienen quien les parta el pan de la doctrina y se mueren de hambre”(MC).

Primacía del corazón sobre la técnica\ 79.-  Si bien es cierto que una relación  educativa sin las actividades y los instrumentos idóneos, ofrecería respuestas parciales a las necesidades de los individuos  y no les daría las oportunidades necesarias para su crecimiento total,  únicamente aquellas que se trasmiten a través de una relación personal de cariño, confianza y optimismo, promueven al hombre en su integridad. Procuramos por tanto que  el amor sea el alma que dé vida a la técnica, y que ésta sea un instrumento válido al servicio del amor.

Realismo 80.-  Todo proceso educativo comporta ideales que se busca alcanzar, pero los objetivos se tienen que adaptar a las cualidades naturales  y de gracia de cada uno, y los compromisos y las tareas deben distribuirse de acuerdo con las posibilidades reales de cada persona,  de modo que  al programar nuestras actividades y  nuestro campo de acción, se calculen las fuerzas realmente disponibles, y no se creen falsas expectativas. “No hay que estirar el pie más allá de donde da la sábana”(MC)..   Más que obtener resultados óptimos  a toda costa, se debe preferir, por encima de todo, la satisfacción de las necesidades esenciales,  la serenidad interior, el desarrollo de las cualidades y la pura  alegría de vivir con los demás.

Valoración de lo cotidiano 81.-  Es nuestra misión ayudar al hermano a no evadirse de su propia realidad, sino aceptarla con serenidad, convirtiéndola en instrumento de superación propia y ajena. La vida diaria nos ofrece mil posibilidades, en las que debemos hacer hincapié,  pues cualquier momento, como sucede en cualquier familia unida, es significativo, ya sea  de trabajo o de  cansancio, de ocio o de fiesta, de preocupación o de alegría. El trato normal con los demás, los grandes acontecimientos,  las cosas más sencillas y las experiencias, incluso las de dolor o de errores, pueden transformares  en momento privilegiado de crecimiento y maduración.

Atención preferencial por los más pobres 82.-  “La Superiora y su Comunidad procurarán por todos los medios ser fieles al carisma de nuestra Madre fundadora, procurando que los pobres ocupen el primer lugar, aún a costa de sacrificios. Que esto sea objeto de constante revisión comunitaria”(Directorio 240).

83.-  Cuando hay que ofrecer ayuda y acogida, nuestra  predilección debe dirigirse hacia aquellos que se hallan en situación de abandono y pobreza extrema, y por consiguiente, a la hora de definir y llevar a cabo  programas, sus necesidades deben tener absoluta prioridad. Esto no tiene nada de extraordinario, es lo que sucede en una familia, donde todos dan lo mejor de sí  para proteger al que sufre, aunque se tengan dudas sobre los resultados. Este principio es válido para una casa con respecto a su miembro más necesitado o afligido, para una nación por lo que atañe a  uno de sus grupos, para la humanidad entera en relación con un pueblo.

Compromiso con el ambiente sociocultural 84.-  Nos preocupamos  para que el ambiente  en el que viven las personas  en  cuya promoción nos empeñamos, no obstaculice su crecimiento. Procuramos sensibilizar a las familias  y al entorno sobre su deber de  crear un espacio donde las relaciones personales respeten la dignidad de la persona y favorezcan su pleno desarrollo. Es tarea nuestra sostener a las familias y a las instituciones de carácter social, tanto  en la superación de las dificultades que menguan la calidad de vida y menoscaban las relaciones sociales, como  en la búsqueda y revalorización de los recursos humanos y materiales que tienen a su disposición. Este compromiso educativo con el ambiente es tanto más necesario, en cuanto la solidaridad y el entendimiento entre los pueblos se inicia en el ambiente familiar y local.

Colaboración con la familia y la sociedad 85.-  Nuestra actividad educativa consiste en ponernos al lado  de la familia y de la sociedad, sin substituirlas,  animándolas y sosteniéndolas  para que desarrollen del mejor modo posible su tarea  de promoción  de las personas y de los pueblos. Por un lado, prestamos los servicios que ni la familia ni la sociedad pueden o quieren  afrontar; por  otro,  intentamos que familia y sociedad tomen conciencia de su tarea educativa y que asuman los compromisos que se derivan de ella. Procuramos que nunca se rompa el vínculo familiar. Faltando la familia natural o adoptiva, solicitamos el compromiso de los familiares más cercanos.

Participación activa 86.-  Para que todos sean ejecutores y no simples protagonistas, es necesario que todos los miembros estén implicados en el proyecto comunitario, tanto en el proceso de elaboración como en la puesta en práctica. El interés y participación en el trabajo de todos asegura la continuidad y eficacia de los distintos apostolados (CF. Const. 97). Esto exige que en el planeamiento y en el desarrollo se  respete el principio de subsidiaridad, y que las responsabilidades se asignen a cada uno según su capacidad.

87.-  La participación activa impide que cada uno actúe por su cuenta,  compromete a buscar de buena gana el parecer de los demás, a poner en común ideas y experiencias, a estar dispuestos a encontrar juntos lo mejor. El criterio de participación no puede sacrificarse  en nombre de la eficiencia. El método participativo debe salvaguardarse  aún cuando parezca a corto plazo una pérdida de tiempo y de energías, o pueda entenderse como renuncia a planes más eficientes.

Inserción en el entorno sociocultural 88.-  Nos preocupamos con todas nuestras fuerzas por encarnar en la cultura local nuestro proyecto de vida y de servicio. Para lograr este objetivo nos comprometemos a entrar en sintonía con el ambiente sociocultural, a hacer nuestro su patrimonio de valores, usos y costumbres, asumiéndolo, en cuanto sea posible, en nuestro estilo propio. Se impone una relectura del carisma josefino a la luz de la historia y de la cultura locales, para actualizarlo en una experiencia existencial donde se armonicen los valores de ambos.

89.-  Intentamos una plena participación en la vida  de la comunidad civil y religiosa del lugar, compartiendo los problemas y las esperanzas, poniendo todas nuestras fuerzas  a disposición  de los que allí viven situaciones morales, materiales y sociales difíciles. Coordinamos nuestra acción con los programas locales  y unimos nuestras fuerzas a las suyas para una mejor  promoción de los pobres y  la construcción de un mundo más solidario y fraterno. Hacemos conocer los valores de nuestro estilo de vida y servicio josefino procurando que la sociedad local sea receptiva a los mismos, y los injerte en el dinamismo de su historia y de su organización.

Apertura universal 90.-  Nuestra acción caritativa se dirige  a las personas necesitadas y a los pueblos de cualquier raza, cultura o religión, y está abierta a  la colaboración no sólo de quien comparte nuestra fe, sino de todo hombre de buena voluntad  que hace suya la causa de los pobres  y anhela la instauración de la civilización del amor. La apertura a otras religiones y filosofías, no significa de ningún modo renunciar a nuestra identidad cristiana: con delicadeza y firmeza se exige que la respeten y que quienes trabajan en nuestras casas  impregnen su actuación educativa o asistencial con el carisma josefino.

Unidad y diversidad 91.-  Valoramos la diversidad de personas y de pueblos desde el cristal de la unidad. Porque estamos convencidos de que cada pueblo y cada personas poseen carismas propios, nos esforzamos  en estudiarlos, comprenderlos y potenciarlos. Afirmamos que la diversidad permite la complementariedad, es manifestación  de la infinita riqueza de Dios y enriquece al individuo y al conjunto de la sociedad. Es nuestra  tarea animar a los demás a que pongan sus dones al servicio del bien común  asumir en nuestra  vida la diversidad como un momento privilegiado de encuentro y de diálogo

TERCERA PARTE

LA COMUNIDAD

Capítulo I IDENTIDAD Naturaleza  de la comunidad socio-educativo-asistencial-pastoral 92.-  Toda nuestra acción apostólica se desarrolla siempre dentro de una comunidad, que no sólo interviene formativamente,  sino que ella misma es propuesta y camino educativo.

93.-  La comunidad   es un organismo vivo, cuyos miembros tienen un ideal común   y están unidos por la misma tarea de trabajar responsablemente por la asistencia y promoción integral de las personas y de los pueblos, de acuerdo con  los valores que surgen del carisma josefino. Toda comunidad  es un grupo estructurado que, a través de relaciones personales auténticas e intercambios continuos de propuestas, vive  los valores verdaderos de la persona y de la sociedad.

94.-  La  comunidad se  manifiesta a través de la comunión, el anuncio del mensaje cristiano, la celebración de la fe y el servicio a los hermanos. Debe ser un lugar en el que cada uno pueda encontrarse con Dios  y vivir el proyecto de vida evangélico propuesto por Jesús

Estilo familiar 95.-  La vida fraterna en comunidad debe ser un reflejo de  las relaciones de conocimiento y de amor que se dan en la Sma. Trinidad. Toda comunidad josefina aspira a vivir según el modelo de la Nazareth y a asumir sus características más genuinas. Considera a todos los  miembros como  hermanos, superando diferencias de edad, cultura y condición social; acoge y trata a todos con bondad y ternura de corazón, sin marginar a  nadie. Es sensible a las urgencias de la caridad y pone de su parte cuanto puede, para dar respuestas adecuadas.

96.-  Como comunidad de fe que es, se abre al mundo de Dios y su misterio, descubriendo en El su origen y modelo de referencia. Actúa desde el convencimiento de haber sido llamada por Dios a colaborar en su proyecto de salvación de la humanidad y, por su tarea de promoción, se convierte en instrumento de la bondad y de la Providencia del Padre para con todos, especialmente con los más necesitados.

97.-  En la elaboración de proyectos, siempre tiene en cuenta el crecimiento integral de las personas y sus necesidades. Sabe valorizar los recursos ordinarios y extraordinarios, antiguos y nuevos. No se desanima ante las dificultades. No circunscribe sus  intereses y sus acciones exclusivamente  a las necesidades internas, sino que consciente de su pertenencia a la sociedad, extiende su atención y su actividad al entorno en el que vive.

Sus miembros 98.-  La comunidad  está formada por todos aquellos que por un motivo u otro están involucrados en el proyecto socio-educativo-asistencial-pastoral local. Comprende: la comunidad local de Josefina; los colaboradores laicos; los destinatarios de nuestra misión y  sus familias;  y  todos aquellos que participan de cerca y de manera estable en la tarea .Todos ellos participan, como protagonistas y cada uno según su responsabilidad y competencia, en la elaboración y puesta en práctica del proyecto, poniendo a disposición del mismo sus capacidades naturales, morales y profesionales.

Derechos y deberes 99.-  Todos los miembros de la comunidad socio-educativo-asistencial-pastoral, por el solo hecho de trabajar o vivir en una casa josefina, tienen el deber de conocer, aceptar y respetar el proyecto  local y favorecer su realización. Todo el personal que trabaja en las distintas áreas tiene la obligación seria de hacer que su actividad sea cualificada, mediante una adecuada competencia profesional, moral y josefina.

100.-          Todo miembro tiene derecho a ejercer su actividad  en un campo específico de acción, a disponer de medios idóneos para el desarrollo de las tareas asignadas, y a aportar sus ideas para  la elaboración del proyecto  local y   las distintas programaciones. Tiene derecho también, por  justicia, al respecto de sus exigencias personales, familiares y sociales, y si tiene un contrato de trabajo, a una justa remuneración. Los destinatarios de nuestras casas tienen derecho a que se satisfagan sus  necesidades específicas y se busque su crecimiento integral.

Estructuras articuladas 101.-          Dentro de la comunidad, cada miembro tiene su responsabilidad y dispone de la autonomía necesaria para el desarrollo de su tarea. Actúa, sin embargo, en estrecha relación y coordinación con los demás, según los distintos niveles,  para lograr el objetivo común y la realización de los programas establecidos.

102.-          La comunidad es un grupo de personas que trabaja en total acuerdo y bajo la dirección del responsable último, que es quien asegura la unidad, cuida, sigue de cerca y  lleva a cabo la elaboración, la puesta en práctica y la revisión del proyecto y de los planes educativos. De la inteligencia y comprensión entre Superioras y Responsables, de su mutua estima y colaboración, depende el buen funcionamiento de las obras (Directorio 164).

103.-          Las Hermanas  presentes en la comunidad garantizan la fidelidad de la vida y de la acción   al carisma josefino. Aunque no estén directamente implicadas en la actividad socio-educativo-asistencial-pastoral, son el alma de la comunidad  y  con el testimonio de su vida y de su palabra deben custodiar y mantener los valores del carisma propio. Su tarea consiste en procurar que el estilo josefino impregne las relaciones personales, el ambiente y las actividades y en animar a todos para que sean “aquí y ahora “ signos e instrumentos de la Providencia del Padre para con sus hijos más necesitados.

OBJETIVO GENERAL DE LA COMUNIDAD 104.-          El objetivo general de la comunidad es la realización de la misión socio-educativo-asistencial-pastoral josefina  en un determinado ambiente sociocultural, alcanzando  los objetivos finales de nuestro servicio de la  caridad, de acuerdo con el proyecto local. La vida y las actividades de la comunidad  giran alrededor de ese proyecto. La misma organización, los planes y programas, se orientan a ese proyecto, utilizando, para realizarlo,  todos los recursos disponibles.

Capítulo II TAREAS DE LA COMUNIDAD Transmitir conocimientos y valores 105.-          La tarea primordial de la comunidad  es  favorecer la transmisión  y adquisición de conocimientos técnicos y prácticos, que posibiliten  el crecimiento de la persona,  y la internalización de los valores humanos, cristianos y josefinos…. No debe limitarse a subrayar la importancia de los valores, sino  que debe ayudar a  cada uno,  sobre todo con el testimonio cotidiano, a personalizarlos con libertad y convicción, a amarlos y vivirlos, y  conformar con ellos conocimientos,  sentimientos y obras. “El apostolado más convincente será siempre el ejemplo de nuestras relaciones fraternas, basadas en el respeto mutuo y el trato delicado entre nosotras” ( Directorio 160). Conscientes de que en la reciprocidad crece el amor, nos comprometemos a vivir en nuestras comunidades relaciones personales de conocimiento y amor que hagan posible que el mundo crea.

Promover la participación 106.-          La comunidad tiene también la tarea de favorecer e intensificar la participación a través de formas eficaces, para que todos puedan colaborar en el proyecto socio-educativo-asistencial-pastoral, respetando la cultura y la tradición local. Acepta y valora el aporte de los laicos en nuestras tareas apostólicas, promueve su formación permanente, e infunde en ellos el carisma y espíritu del Instituto ( Cf. Directorio 165). Procura que las fuerzas sociales y religiosas del entorno también participen,  para que aumente  la solidaridad y se lleven a cabo iniciativas válidas para el progreso material y moral de los pobres.

Crear un ambiente josefino 107.-          El ambiente es, sobre todo, una realidad viva donde las personas, las situaciones y las cosas contribuyen a la formación del individuo, al tiempo que son modeladas por él. La comunidad tiene la tarea de crear un ambiente que favorezca al máximo el crecimiento de las personas y él  mismo sea propuesta que facilite la personalización y la difusión de modelos válidos de vida. Esta tarea nos compromete a buscar todo aquello que cree y desarrolle un clima josefino, y a defendernos de modas pasajeras y mentalidades negativas. Este compromiso es continuo y cotidiano, puesto que el ambiente, en cuanto realidad viva, exige cuidados y atenciones permanentes.

Cuidar una adecuada formación personal 108.-          La comunidad debe desarrollar su tarea con competencia educativa y pastoral y con fidelidad a los valores del carisma josefino. De aquí  el interés constante para  que todos sus miembros posean una adecuada preparación  humana, técnico-profesional y josefina que les  permita desarrollar mejor sus capacidades formativas y hacer más eficaz y calificada su acción. Estamos dispuestas a renovarnos continuamente, para lograr una superación en nuestra labor, procurando adquirir los títulos competentes (Cf. Directorio 166).

109.-          La formación no puede darse nunca por terminada, sino que debe continuar en el tiempo con nuevas ilusiones y voluntad, dado que las personas y las situaciones cambian continuamente, las ciencias humanas avanzan y la dimensión carismática  josefina se conoce y se asimila cada vez más. La comunidad, a la vez que exige a sus miembros una adecuada formación de base en relación con su responsabilidad, promueve actividades específicas para la formación permanente, posibilitando su participación. Cada uno de sus miembros también tiene que preocuparse y cuidar su propia formación.

Elaborar y poner al día el proyecto comunitario local 110.-          Conjugando los principios y orientaciones de nuestro estilo con los valores de la cultura local, después de analizado  y valorado la realidad y el contexto sociocultural, después de individualizar las necesidades y después de sopesar las capacidades de las personas, la comunidad debe traducirlo en un proyecto específico. Tal proyecto, por ser punto de referencia estable para toda la actividad  socio-educativo-pastoral local,  debe ponerse por escrito; asimismo debe ser revisado y puesto al día periódicamente. De tal manera se supera la subjetividad, se garantiza la continuidad aún cuando las situaciones cambian. Se acepta, además de la aportación de las ciencias, la riqueza de la experiencia.

Organizarse adecuadamente 111.-          Una buena organización da mayor eficacia y eficiencia a la acción socio-educativa, favorece la tranquilidad en las relaciones personales en  un clima de serenidad y de respeto recíproco. Cuando la comunidad asume y ejerce esta responsabilidad organizativa, debe ordenar, de manera orgánica, estructuras, recursos y actividades, evitando la dispersión de energías morales y económicas y valorando las posibilidades reales con las que cuenta.

Capítulo III FUNCIONES DENTRO DE LA COMUNIDAD La animación y la dirección 112.-          La animación consiste en mantener vivo el estilo josefino y en estimular a los miembros de la comunidad para que lo encarnen en sí mismos. El encargado de esta tarea debe ofrecer a  las personas motivaciones auténticas, estimular la participación creativa y sostenerlas en el desarrollo de sus actividades, favoreciendo así la adhesión de todos a los valores del carisma josefino y  al compromiso en la realización del proyecto.

113.-          Las formas concretas de animar al comunidad son:  alentar, tener paciencia, confiar en las personas, teniendo en cuenta su carácter, sus capacidades y limitaciones,  estar atentos a la mentalidad de la gente y a la cultura del lugar. Esta función corresponde prioritariamente a un miembro de la familia josefina, sin excluir a otras personas que hayan asimilado, y hayan dado prueba de ello, tanto el espíritu como el estilo josefino.

114.-          La  función de la dirección es  guiar a la comunidad, con  claridad y seguridad, en la realización del proyecto local. Le compete  la responsabilidad última de las personas, del proyecto, de la organización y del ambiente; asignar responsabilidades, definir ámbitos de acción, garantizar los medios necesarios y velar por el desarrollo correcto de la actividad socio-educativo-asistencial-pastoral. El directivo ejerce esta función con amplitud de miras, con espíritu de humildad y servicio, sin caer en el abuso de poder. Sabe armonizar autoridad y flexibilidad, porque sólo así el amor tendrá cabida, y se vale de la escucha y del diálogo como medios de colaboración.

115.-          Se confía la tarea de la dirección a un miembro de la familia josefina o a una persona con una preparación y formación josefina adecuados, nombrados por la autoridad competente del Instituto.

Programación y coordinación 116.-          Consiste en traducir el proyecto socio-educativo-pastoral local en programas concretos, realizables y adecuados a las personas, y en orientar armónicamente las acciones de los distintos trabajadores hacia los objetivos establecidos.

117.-          De aquí se deduce que hay que elaborar y poner en práctica una planificación individual y sectorial, con ayuda de las distintas ciencias, valorando la aportación de todos, también de los más limitados. La constante evolución de los problemas y las necesidades exige la modificación y puesta al día de los programas. Quien tiene esta responsabilidad debe saber captar las necesidades reales del centro y de cada persona, tomarse muy en serio la unidad de la comunidad socio-educativo-pastoral, y ser capaz de superar y ayudar a superar los individualismos y los roces personales.

118.-          Los responsables de cada sector y de cada grupo ejercen tales funciones en conexión con la dirección.

Formación directa 119.-          Esta función compete  de una manera especial a los que desempeñan su trabajo formativo directamente y a las familias  de las personas confiadas a nuestro cuidado Consiste en llevar a cabo acciones socio-educativo-asistenciales-pastorales a través de  una relación directa con las personas. Pero  a  éstas  y  al resto de los miembros de la comunidad les corresponde su parte, porque el crecimiento propio y de los demás es algo que nos concierne a todos. ¿Conlleva la búsqueda y puesta en práctica de actividades concretas que sirvan para la promoción de las personas y del grupo, dentro de la programación y del proyecto establecidos. Se realiza con amor desinteresado, con una confianza indeclinable en  las cualidades de las personas, con  paciencia y  cariño, aceptando los distintos ritmos de crecimiento, sabiendo comprender los errores y animando a corregirlos.

Administración 120.-          Es la función de quien gestiona los bienes materiales, soporte de la actividad formativa, y en ese sentido, es parte integrante del proyecto local. Consiste en proveer, organizar y cuidar inteligentemente los medios y las estructuras que garantizan el desarrollo sereno y regular de la actividad socio-educativo-pastoral.

121.-          Corresponde al responsable directo de este sector solucionar los problemas materiales, mejorar el desarrollo de las estructuras para que respondan a las exigencias de las personas, siempre dentro del respeto a las normas sociales y jurídicas, y programar los cambios oportunos en estrecha colaboración con la dirección.

122.-          En el ejercicio de la administración debemos ser conscientes de que los bienes materiales son dones de la Divina Providencia, por lo tanto debemos confiar en Dios que es un Padre solícito para con sus hijos, y respetar las exigencias de la justicia social.

123.-          La administración corresponde en sentido estricto al responsable directo y a sus colaboradores; en un sentido más amplio,  concierne también a los responsables de los distintos servicios.

CUARTA PARTE

NUESTRAS OPCIONES PREFERENCIALES INTRODUCCIÓN 124.-          “Insto a mis hijas que no dejen jamás de usar mucha paciencia, dulzura y caridad con todos, en particular con los pobres enfermos menesterosos, ancianos y niños abandonados, que son miembros predilectos del cuerpo místico de Jesucristo”(Testamento MC).

125.-          “…nuestros Asilos infantiles, pues en rigor se pueden llamar Maternidad de niños desamparados, que los más abandonados deben ser preferidos, y es por esto que Nuestro Santo Instituto está tan recomendado, y por su noble misión de formar la mujer de la  aguja, laboriosa y trabajadora del hogar doméstico”(MC).

126.-          “Nada hija, Asilos para niñas huérfanas, pobres y desamparadas, Patronatos para librar del peligro, y Talleres de costura y labor de mano y todo aquello que forma a la verdadera mujer del hogar doméstico, para que coman el pan con su trabajo, y  sean honestas y temerosas de Dios, instruirles en los deberes de la religión cristiana; acábenlo de entender las Pobres hijas de San José si quieren que en sus casas reine la santa paz de Dios. Así lo ha bendecido y aprobado la Santa Iglesia y así tiene que ser; que el pueblo de Juárez si quiere que lleve  hermanas que puedan llenar sus deseo, y que a las Pobres Josefinas, les den sus pobres y las dejen llenar libremente los fines de su Santo Instituto”(MC).

127.-          Al evaluar nuestras obras, será siempre la piedra de toque su adecuación al carisma  e inspiración primitiva del Instituto, que debe expresarse en el apostolado común (Directorio 168). Los pobres, por serlo, deben ocupar el primer puesto en el corazón de una josefina, ya que por vocación nos hemos hecho sus siervas (Directorio 168).

128.-          Nuestra misión, aunque abierta a todo tipo de pobreza material, moral y espiritual,  se orienta preferentemente hacia aquellos grupos y personas que la M. Camila nos ha confiado de manera especial. Los destinatarios de nuestra misión son particularmente los niños, adolescentes  y  jóvenes pobres, huérfanos y abandonados; los ancianos faltos de apoyo humano y del cuidado y asistencia necesarios; los enfermos menesterosos;  la mujer necesitada de rehabilitación; las familias  de pueblo,  carenciadas, que sufren las consecuencias de la pobreza social y religiosa.

129.-          A ellos nos dedicamos ,  siguiendo los criterios que proponemos a continuación.

A)    PROMOCIÓN  INTEGRAL DE LA  PERSONA Capítulo I ESTILO DE NUESTRO SERVICIO a)   Objetivos Niños, adolescentes y jóvenes: Una formación para la vida 130.-          “Hace mucho tiempo que me preocupa el pensamiento sobre el porvenir de estos pobrecitos niños, confiados a nuestros cuidados por la Divina Providencia en el Asilo de San José de Bella Vista, viendo que llegada la edad no es posible tenerlos en estos asilos, y compadeciéndome de ellos pobrecitos, los más, huérfanos,  en la edad más peligrosa y acostumbrados como pequeños al cuidado de las madres. Ponerlos fuera, oh! sólo este peligro eminente para sus almas me llena de pena, así es que pidiendo a N. Señor, por la intercesión de N. Inmaculada Madre la Virgen Sma., Madre de Misericordia del huérfano y desamparado; y por los poderosos méritos de N. Smo. Padre Señor San José iluminaran mi entendimiento sobre lo que podría hacer en favor de  esta porción querida de nuestro corazón que redundara a la Mayor  honra y Gloria de Dios Nuestro Señor y la salvación de estas pobrecitas almas, dando principio a la formación del hombre honrado y trabajador, que será más tarde un buen hijo de la Iglesia y un buen ciudadano que es el porvenir de la familia” (MC. Proyecto del pequeño taller de San José para niños pobres, huérfanos y abandonados). “…el fin que se proponían… era únicamente formar el corazón de la juventud en el santo temor del Señor,  para que así mañana pueda tener la sociedad… madres cristianas y por lo tanto hogares donde reine la paz y la laboriosidad…” (Juárez, 12-II-85).

131.-          De acuerdo con estos criterios fundacionales,  nos proponemos que nuestros niños, adolescentes y jóvenes logren:  Una aceptación serena de la realidad de sí mismos, de los demás, del mundo, de la historia; el descubrimiento de las aptitudes personales;  una preparación sólida para la propia misión; adhesión convencida a Jesucristo, amigo fiel; la perseverancia en el seguimiento de los ideales que se proponen; la vivencia de la fe en su propia comunidad.

132.-          Nos preocupamos por  su salud física y psíquica. Trabajamos en la formación del carácter y los educamos en la valoración de sí mismos y de los demás. Les ayudamos a  proyectar y construir su propia existencia sobre sólidas convicciones éticas y a participar activamente de la vida de la sociedad.

133.-          Damos importancia primordial a la catequesis, para lograr la educación de la fe en un clima de libertad y responsabilidad (Directorio 169). Les presentamos de manera especial a Dios como Padre lleno de ternura y misericordia y les invitamos a echarse confiadamente en sus brazos, y a imitar su amor gratuito y desinteresado, en  el amor a los hermanos, principalmente a los más necesitados.

134.-          Estimulamos a los niños y jóvenes para que den testimonio de Cristo, incorporándose a movimientos apostólicos; especialmente los recomendados por la Jerarquía.

135.-          A los que profesan  otra religión, les damos a conocer y proponemos libremente nuestra fe, pero respetamos su credo y les damos la libertad, los medios y las ocasiones de vivir su credo.

Los niños pobres, huérfanos y abandonados 136.-          “Bajo la protección y amparo de la Sagrada Familia, Jesús,  María y José me dedico y ofrezco a trabajar sin descanso hasta el último aliento de mi vida  a la educación y formación de estas criaturitas que me son confiadas, y que todo cuanto haga y trabaje redunde a la mayor honra y gloria de Dios nuestro Señor, y honor de mis Esclarecidos Patronos, Jesús, María y José y Teresa de Jesús de quien soy indigna hija y esclava”(MC).  “… que cuides mucho que esas hermanas se informen bien del fin del instituto, y que los niños pobres, huérfanos y desamparados es el principalísimo entre los fines secundarios del instituto….  Que no se olviden  que ellas han sido las elegidas del Señor para ser las primicias del noviciado romano…, que tengan presente que su apostolado es: los pobres, huérfanos y desamparados”(MC).).

137.-          “El rostro del niño que sufre y languidece es hoy un ‘rostro de Cristo doliente’ que en todos los rincones del mundo interpela a la sociedad y la cuestiona. La interpela desde su debilidad y pequeñez, desde sus necesidades imperiosas que otros le deben cubrir para que pueda llegar a ser”(Los menores confiados a nuestro cuidado ( CEA).

138.-          Este aspecto prioritario de nuestro apostolado tiene hoy día la misma  vigencia y urgencia que en la época de la M. Camila. La Iglesia nos estimula  para que asumamos  cada vez con mayor fidelidad y entusiasmo nuestro carisma. La niñez debe ser objeto de particular atención pastoral, ya que con frecuencia sufre las dramáticas consecuencias de la falta de una verdadera familia. (Declaración final de los Obispos presidentes de las Comisiones Episcopales de A.L. para la Familia y la Vida). “En efecto, en muchas ciudades han aumentado los niños de la calle que deambulan día y noche sin hogar ni futuro. En algunos países han sido víctimas de campañas de exterminio realizadas por organismos policiales y privados; niños sin familia, sin amor, sin acceso ala educación, es decir,  niños en extrema miseria física y moral,  muchas veces consecuencia de la desintegración familiar. Incluso se presenta un aberrante  comercio de niños y niñas, tráfico de órganos y hasta niños utilizados para cultos satánicos. Desde el punto de vista de la educación de la fe, se percibe un marcado descuido en cuanto a la recepción de sacramentos y catequesis” (4a. Conferencia General del Episcopado latinoamericano. Sto. Domingo).

139.-          Tenemos bien claro que cada niño es una persona necesitada de ser guiada dentro de la línea de su desarrollo propio. En este delicado proceso de acompañamiento son fundamentales una gran capacidad de amor y de relación por parte del  educador, junto con la confianza en la gracia de Dios, las posibilidades de la persona y la ayuda de la ciencia.

140.-          La formación de los internados es tarea de todos los integrantes de la comunidad. Aún a costa del sacrificio personal y comunitario recibiremos a aquellos niños que por razones familiares deben permanecer siempre en nuestras Casas(Cf. Directorio 183;185).

Promoción y/o rehabilitación de  la mujer 141.-          La  Venerable Madre Camila  defendió la dignidad de la mujer, procurando su formación, mediante la adquisición  de virtudes y de hábitos que la capacitaran  para ser una buena ama de casa, esposa y madre, honesta y trabajadora. Con su corazón lleno de compasión hacia los desdichados, pensó en las jovencitas que, víctimas de su propia inexperiencia, se deslizan en la pendiente del vicio, del cual no pueden salir. Con este fin fundó en Mercedes la primera casa de Corrección “para esas pobres criaturas desgraciadas que apartándose del camino de la perdición y del mal lleguen a ella buscando amparo y protección”, y  luego dedicó a la tarea de rehabilitación las casas de Roma y Génova.

142.-          Promoción y defensa de la mujer, son dos tareas prioritarias, a las cuales nos urge el Santo Padre, contribuyendo a que se creen condiciones adecuadas que permitan desarrollar mejor su misión de esposa y madre y para el bien de la sociedad (A los presidentes de las C. Episcopales  de A.L. para la Familia y la Vida).

143.-          Siguiendo el ejemplo de la M. Camila  y  las orientaciones del magisterio, nos comprometemos a realizar cuanto esté de nuestra parte para  promover  la dignidad de la mujer en todos los aspectos, frente a una cultura  que bajo la aparente lucha por su emancipación, la esclaviza y denigra.

Promoción de la familia 144.-          La familia es única e irreemplazable para una verdadera educación y para una adecuada reeducación. La familia y la vida son desafíos de  especial urgencia en la promoción humana. Haciendo nuestras las recomendaciones de los Obispos presidentes de las Comisiones Episcopales de A.L. para la Familia v la Vida, nos proponemos:

145.-          Evangelizar la familia, Iglesia Doméstica y santuario de la vida, para que se convierta en agente privilegiado de la nueva evangelización.

146.-          Proclamar y difundir el evangelio de la vida y de la familia, comprometiendo corresponsablemente a todos los integrantes, especialmente a los jóvenes, para que desde la fe promuevan y defiendan esa célula básica de la sociedad y de la Iglesia que es la institución familiar.

147.-          Dar orientaciones concretas que permitan elaborar líneas para hacer que los padres asuman su responsabilidad en la evangelización y educación de sus hijos.

148.-          Promover una pastoral familiar orgánica y de conjunto que salvaguarde, desde la fe y la cultura, los valores de la familia en nuestros países.

149.-          Anunciar con valentía la verdad para iluminar al pueblo de Dios y desenmascarar el lenguaje ambiguo que atenta contra los valores fundamentales de la familia y de la vida.

150.-          Capacitar y formar a los laicos para que sean agentes dinamizadores de la pastoral familiar y acompañen a las familias en su compromiso sacramental y evangélico de unir fe y vida .

151.-          Utilizar los medios a nuestro alcance para formar en la maternidad y paternidad responsable.

152.-          Defender y promover la vida, anunciando con valentía la doctrina de la Iglesia sobre el derecho a la vida humana desde su concepción .

Enfermos menesterosos 153.-          “Cuiden mucho, hijas mías, esos pobrecitos enfermos. Cuánto pueden atesorar para la vida eterna con un solo acto de caridad con esos pobrecitos que sufren en le lecho del dolor! Una hora de alivio nomás por una llaga bien curada, qué agradable será eso a su Divina Majestad!”(MC).

154.-          La compasión de Cristo por los enfermos y sus numerosas curaciones de dolientes de todas clases son un signo maravilloso de que el Reino de Dios está muy cerca. Su compasión hacia todos los que sufren llega hasta identificarse con ellos: “Estuve enfermo y me visitasteis”(Mt 25,36)

155.-          La vida y la salud física son bienes preciosos confiados por Dios, por eso nos preocupamos por  utilizar todos los medios a nuestro alcance para  que puedan recuperarla. Procuramos  que las autoridades sanitarias ofrezcan las mejores condiciones  posibles para el cuidado de los enfermos.

156.-          Nuestra tarea primordial  es proporcionarles  afecto, dulzura, comprensión  y acompañamiento, ya que la enfermedad puede conducir a la angustia, al repliegue sobre sí mismo, incluso  a la desesperación y a la rebelión contra Dios, pero también puede ayudar  a la persona a  discernir en su vida lo que no es esencial para volverse hacia lo que es. Con mucha frecuencia la enfermedad empuja a una búsqueda de Dios, un retorno a El ( Cf. CIC 1501).

157.-          Infundimos en todos, pero sobre todo en los más graves, una gran confianza en San José, Patrono de la buena muerte.

158.-          De acuerdo con el magisterio de la Iglesia y frente a una  cultura  que aprecia la vida sólo  en cuanto da placer y bienestar  y  considera el sufrimiento como una amenaza insoportable, defendemos el derecho del enfermo a la vida; pero también consideramos que la renuncia a medios terapéuticos desproporcionados, es la expresión de la aceptación de la condición humana ante la muerte. (Cf. EV).

Ancianos desamparados 159.-          Los ancianos son personas  que sufren física y moralmente. En la sociedad actual, son verdaderos pobres, carentes no sólo de lo material, sino privados de afecto y compañía. “Y a esas viejecitas cuídenlas, pobrecitas esas abuelitas”(MC).

160.-          Nos dedicamos al cuidado de su salud física, orientando nuestra atención al  mantenimiento de sus  facultades sensomotoras, intentando así frenar el proceso del deterioro de las energías físicas.

161.-          Prestamos idéntica atención al proceso de madurez de su vida; todo ser humano es un ser en continuo crecimiento, desde el primer momento de su existencia hasta el último aliento.

162.-          Teniendo en cuenta que en esta edad disminuyen las fuerzas psíquicas además de la físicas,  queremos estimular su vitalidad interior, y sus capacidades de relación y creativas,  de modo que se sientan parte viva e importante de la sociedad.

163.-          Pretendemos acompañarlos para que extiendan una mirada serena y positiva sobre sí mismos y sobre  su  situación personal,  sobre la realidad y sobre la vida, que les lleve a una aceptación cariñosa de los demás. Las personas ancianas sienten  de una manera especial la necesidad de vivir la dimensión religiosa.

164.-          Les ayudamos a cultivar una relación con Dios que se caracterice por la aceptación serena de su Voluntad  y por el abandono confiado en su Providencia, y  a contemplar esta etapa de la vida como un tiempo precioso para vivir con mayor autenticidad la fe y prepararse al encuentro definitivo con el Padre.

b) Criterios específicos Globalidad 165.-          Entendemos por globalidad la atención constante tanto de todas las dimensiones de la persona como de todas las etapas de su existencia. Estamos convencidos de que la promoción va más allá de la superación de los límites y la satisfacción de algunas necesidades particulares y de que no hay tiempos inútiles para el crecimiento de la persona.

166.-          Tanto en los proyectos como en las actividades, tenemos en cuenta todas las áreas de maduración, su unidad e interdependencia, evitando el riesgo de dar prioridad a unas en detrimento de las otras. Aprovechamos las diversas etapas de la vida, considerando que el camino formativo no termina nunca

Respeto a la individualidad 167.-          Sobre todo cuando se trata de personas ancianas o con problemas, los objetivos se establecen de acuerdo con sus posibilidades reales y no para alcanzar modelos convencionales de comportamiento de manera que las propuestas educativas no condicionen seriamente  y de manera estable la serenidad de las personas.

Gradualidad y continuidad 168.-          Este criterio nos compromete a respetar las distintas fases del proceso de maduración y a calibrar nuestras intervenciones  en relación con la edad, el ritmo de crecimiento y las fuerzas de cada uno. Se integra con el de continuidad, de manera que el trabajo se realiza día tras ida sin tiempos vacíos ni saltos,  evitando pasar de tiempos de euforia y de frenética actividad formativa a momentos de estancamiento completo.

169.-          Nos comprometemos a respetar el camino ya andado y a  continuarlo con la aportación de la propias habilidades, superando la tentación de empezar de cero, sin tener en cuenta la tarea hecha antes por otros.

170.-          A la hora de elaborar los planes educativos, tenemos en cuenta la necesidad de preparar y acompañar a las personas en las fases sucesivas de su formación, aun cuando esta se realice en otro ambiente educativo.

Formación en los valores y en los hábitos 171.-          Estos dos criterios, adquisición de buenos  hábitos e internalización de valores, siempre se deben tener en cuenta,  aunque se deba insistir más en un aspecto que otro, según la situación real de cada persona.

Prioridad de la experiencia sobre la teoría 172.-          Nuestra acción se dirige muchas veces hacia personas  con capacidades intelectuales normales, pero con dificultades psicológicas a la hora de acoger las propuestas formativas. Por eso, en la formación privilegiamos la vía experiencial sobre la especulativa, por ser más cargada de propuesta formativa, más incisiva y más cercana  al estilo de Dios con los hombres.

Formación  en  grupo 173.-          La relación formativa y el camino de promoción de cada uno normalmente tiene lugar en grupo, con su riqueza y variedad de relaciones personales,  de situaciones vitales y de estímulos educativos. Nos preocupamos para que cada uno se adapte bien al grupo comparta sus proyectos y participe activamente, y para que el grupo se haga cargo del crecimiento de todos y de cada uno de  sus miembros, sosteniéndolos en su compromiso formativo. Cuidamos la calidad del desarrollo de cada uno y al mismo tiempo nos encargamos de que el ambiente del grupo favorezca la promoción de todos.  Nuestra atención se dirige simultáneamente a  cada uno con sus problemas y posibilidades, y al grupo como humus en el que la persona hunde sus raíces y del que se nutre.

c) Líneas operativas Introducción 174.-          Entre las diversa líneas operativas,  proponemos  las que se corresponden más con el pensamiento de la M. Camila y  nuestro concepto actual. Cada casa deberá precisar en su planificación el espacio que asigna a cada una, dependiendo de la cultura y las exigencias de las personas.

La  enseñanza 175.-          La adecuada formación intelectual es un derecho de todos. La enseñanza es formación de la mente y del corazón. Comprende las asignaturas escolares y el arte de vivir. Para ello se deben transmitir los valores y las habilidades necesarios  para la solución de los problemas cotidianos, para el descubrimiento de la propia vocación, y para una inserción digna en la sociedad.

176.-          Queremos  impartir en todos nuestros colegios una  enseñanza  seria y programada, prestando atención a los avances de las ciencias humanas. En particular la enseñanza se  realiza con niños,  adolescentes  y jóvenes  en el ámbito de la escuela y el estudio. Pero el aprendizaje es un proceso que abarca toda la vida. Por eso ofrecemos a las personas ancianas la posibilidad de  conservar y ampliar sus conocimientos e intereses culturales, manteniendo así despierto su mundo interior.

Higiene  y rehabilitación 177.-          La salud física y psíquica es un derecho de todos. Por eso nos preocupamos, sobre todo en el caso de enfermos y ancianos,  para que tengan una  sana y equilibrada alimentación, buena higiene personal, vestido digno y adecuado, momentos de distensión y descanso, además de los controles médicos y la terapia.

178.-          A las personas ancianas les ofrecemos terapias psicofísicas rehabilitadoras, que favorezcan en lo posible el bienestar global y la recuperación de las facultades. Al escoger las terapias, tenemos en cuenta los criterios operativos generales y específicos indicados en este documento, la validez científica, la cultura local y las posibilidades reales de cada casa.

Expresión creativa, juego y deporte 179.-          Estas expresiones dan ocasión de manifestar los estados de ánimo, crean lazos de amistad, alejan la tristeza y la melancolía, animan el ambiente y hacen más sereno y menos monótono el ritmo cotidiano

180.-          Proponemos y organizamos diversas iniciativas de este tipo, que se adapten y sean útiles a las distintas categorías de personas. Aprovechando fechas significativas de las personas y de la comunidad organizamos momentos de fiesta en los que crezca el clima de familia, se temple y anime el espíritu y se potencie la alegría de estar juntos.

181.-          Para los niños adolescentes y jóvenes  favorecemos el deporte y el juego, porque exigen esfuerzo y autocontrol, liberan tensiones interiores y potencian el desarrollo físico.

182.-          Privilegiamos los deportes y las actividades de grupo, porque invitan a poner las capacidades personales  y la propia acción al servicio de los objetivos comunes.

Orientación y preparación profesionales 183.-          Teniendo en cuenta las posibilidades y necesidades reales, queremos  orientar y preparar a nuestros alumnos para una profesión  que responda a sus aptitudes y los capacite para desarrollar una  actividad útil para ellos y para la sociedad. que les permita ganarse dignamente la vida. Esto lo realizamos mediante actividades  organizadas u orientando hacia escuelas con garantía de seriedad.

Trabajo 184.-          El trabajo es un medio de expresión y desarrollo de la creatividad del individuo y de sus capacidades sensomotoras un momento para potenciar su voluntad e inteligencia, una ocasión de socialización y de participación.

185.-          Dentro de nuestro carisma de pobreza,  el trabajo es la  expresión actual de la misma, y el  medio de ganarse  la vida dignamente. De acuerdo con el pensamiento de la M. Camila, queremos proporcionar una educación para la vida práctica.   Orientamos a todos, incluidos los niños,  ocupar su tiempo con alguna actividad.

186.-          También las personas ancianas, siempre que sus fuerzas lo permitan, ocupan su tiempo en actividades a su   alcance  y mantengan despiertos sus intereses y sus habilidades manuales, contribuyendo al mantenimiento de su serenidad y vitalidad interior..

Formación afectiva 187.-          El ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios que es amor, es un ser que ama y necesita amor; las emociones y los sentimientos son su vida y su riqueza interior más grande. Tendemos a desarrollar al máximo sus cualidades afectivas y a capacitarlos para que sea su conciencia quien lleve las riendas de su mundo sentimental y emocional.

188.-          Nuestro propósito formativo se traduce principalmente en ayudar a cada uno a superar sus miedos y egoísmos para que abran su corazón a los demás y construyan relaciones amistosas, sinceras y estables, sean capaces de dar cariño y de recibir el de los demás con alegría y gratitud. Con este fin ayudamos a las personas para que dominen y resuelvan positivamente sus conflictos interiores, autocontrolen sus emociones, sus impulsos y sus reacciones, aprendan a compartir y a darse gratuita y generosamente, de modo que el amor sea el eje de sus vidas.

Formación sexual 189.-          Está estrechamente unida a la anterior. Nuestra tarea formativa en esta área de la personalidad es ayudar a aceptar la propia sexualidad y la de los demás como un elemento positivo que caracteriza toda la persona, y a ponerla al servicio del amor según el propio estado de vida.

190.-          Formamos a las personas para que  se expresen  en la vida cotidiana según su propia feminidad o masculinidad, se relacionen con el otro sexo no con espíritu de domino o sentido de inferioridad, sino con la conciencia de una misma dignidad, respetando sus peculiaridades y valorando la complementariedad  de  las diferencias sexuales.

191.-          Les ayudamos a canalizar el impulso sexual en el área afectiva, a sublimarlo en la donación de sí para bien del prójimo, a apreciar y vivir la castidad según el propio estado de vida, como medio que desarrolla la capacidad de amar y libera la sexualidad del egoísmo.

192.-          Teniendo en cuenta la fragilidad humana,  ayudamos a las personas para que a través de un camino de ascesis y  con la ayuda de Dios, sepan controlar sus impulsos sexuales, rechazar los modelos permisivos contrarios al designio de Dios y seguir las indicaciones del magisterio de la Iglesia, indicaciones que deben ser aceptadas y observadas fielmente por nosotros y por cuantos colaboran con nosotros.

Formación social 193.-          Para educar en la sociabilidad ayudamos a las personas para que busquen la relación con los demás y la comunicación auténtica,  sin máscaras ni hipocresías, con espíritu de fraternidad y servicio, y establezcan  una relación que huye de actitudes de domino.

194.-          Los formamos para que acepten cordialmente  a los demás, respeten su mentalidad y estilo de vida. Cultivamos la capacidad de diálogo, más allá de las diferencias de edad y cultura, y la inserción activa en contextos y grupos socioculturales distintos.

195.-          Además de la comunicación, favorecemos la adquisición de una mentalidad social, que les inculque el sentido de pertenencia al propio grupo y el espíritu de fraternidad universal.

196.-       Finalmente exhortamos a todos a participar activamente en la vida del grupo y de la comunidad eclesial y civil a la que pertenecen, a sentir como propios sus problemas, proyectos e iniciativas y a ponerse al servicio de su crecimiento material, moral y espiritual.

Formación vocacional 197.-          Partimos del convencimiento de que la vida es vocación y de que cada uno está llamado a descubrir y a realizar, a lo largo de su vida, el proyecto que Dios tiene sobre él. Sólo así puede alcanzar su madurez humana y cristiana..

198.-          Convencidos de que todos tienen derecho a escoger libremente y que ningún estado de vida o tarea social se puede excluir a priori y por razones extrínsecas, queremos ayudar a cada uno a superar eventuales dificultades sociales y a recorrer con valor y con alegría el camino de la vocación personal.

199.-          Los orientamos para que descubran sus propias inclinaciones, escuchen la llamada de Dios y sean capaces de discernir las indicaciones de la Providencia en los acontecimientos ordinarios y extraordinarios.

200.-          También les ayudamos a tomar conciencia de los deberes y compromisos relacionados con su específico estado de vida, y a asumirlos y cumplirlos con responsabilidad y generosidad, siempre en el convencimiento de que la vocación fundamental es el amor.

201.-          En general queremos ayudar a las personas a vivir la vida cotidiana como una llamada y a darse un proyecto de vida basado sobre la voluntad de Dios.

202.-          En particular tratamos de apoyarlas para que, en la sociedad y en la Iglesia, elijan libremente el estado de vida y la misión a los que se sienten llamadas y para los que poseen aptitudes y capacidades.

Formación moral 203.-          A través de la formación moral pretendemos ayudar a las personas a asimilar los verdaderos valores sobre la vida y a conformar a ellos los pensamientos, los sentimientos y las obras.

204.-          Las acompañamos, por lo tanto, en un camino de búsqueda y acogida de las grandes verdades sobre la vida, la sociedad y el mundo según el proyecto de Dios; al mismo tiempo les ayudamos a comprender e interiorizar los criterios de juicio y los principios de comportamiento que se derivan, asumiéndolos libremente como punto de referencia y guía del propio pensar, sentir y actuar.

205.-          Tratamos de suscitar el amor y el aprecio por los valores, porque están íntimamente relacionados con la dignidad del ser humano, con sus aspiraciones y su destino, y porque dan sentido a la vida, aún cuando esté marcada por el sufrimiento físico y moral. Les ayudamos a formarse una conciencia recta, plasmada por el diálogo constante con lo más profundo del propio ser y por la búsqueda sincera de la verdad y del bien.

206.-          Las animamos, además, a traducir los valores en opciones concretas y en comportamientos específicos, porque sólo entonces la vida del individuo es moral, o sea, conforme a su dignidad. Las estimulamos a cultivar las motivaciones interiores, a examinar la vida cotidiana a la luz de los principios éticos, a experimentar su fuerza en las pequeñas cosas, y a robustecer su voluntad, valorando tanto la ayuda humana como la gracia divina. Proponemos con convencimiento y sin cansarnos los valores morales, especialmente los característicos del carisma josefino, como son la caridad, la solidaridad, el trabajo, el servicio, la gratuidad, el perdón.

Formación religiosa 207.-          El principio de la globalidad exige también una formación religiosa, puesto que todos tienen derecho a conocer a Dios y a sentir su amor. Ayudamos a las personas, pues, para que descubran con gozo la presencia de Dios en sí mismas, en la historia y en la creación, y para que comprendan las maravillas que El ha realizado y realiza por medio de Jesucristo para la salvación de la humanidad.

208.-          Tratamos de ayudarles, para que perciban   cuánto nos ha amado  Dios – y nos ama como Padre lleno de ternura y misericordia – y para suscitar en su corazón una respuesta de fe y amor que se traduzca en una confianza cada vez mayor en Dios y en una adhesión más sincera a su voluntad.

209.-          Les educamos para que puedan impregnar de esta experiencia de Dios las actitudes interiores, los comportamientos, los pensamientos y las palabras, de manera que toda la vida se convierta en un Evangelio encarnado. Además les ayudamos a celebrar y a anunciar su fe y a ser testigos del amor misericordioso de Dios con sentimientos y gestos de amor y de servicio al prójimo.

210.-          Nos servimos, en esta formación religiosa, de los medios que la Iglesia nos propone. Utilizamos metodologías aptas para las distintas categorías de personas y según la capacidad receptiva de cada uno, y ofrecemos una catequesis profundamente enraizada en la Palabra de Dios y en el Magisterio de la Iglesia, utilizando muchos ejemplos, imágenes y signos. Cuidamos la oración frecuente,  filial y animada por el canto y por  gestos que favorecen el encuentro con Dios e involucran toda la persona. Reservamos una atención especial a los Sacramentos, sobre todo a la Eucaristía, centro de nuestra vida; nos preocupamos para que los Sacramentos se celebren con esmerada preparación y con fe viva, y hacemos lo posible para que cuantos viven en nuestras casas acudan a ellos con frecuencia.

Capítulo II ESTILO DE PASTORAL Enviados por la Iglesia 212.-          Ejercemos el ministerio pastoral (catequesis, celebración de los Sacramentos, servicios caritativos, etc.), por mandato y en nombre de la Iglesia, en nuestras comunidades  socio-educativo–asistenciales-pastorales o colaborando con la Iglesia local. Asumimos, por lo tanto, los objetivos, las orientaciones y los criterios de la acción pastoral de la Iglesia y aportamos la riqueza de nuestro carisma. “… les pido además, sean ejemplares en la  obediencia a las autoridades de la Santa Madre Iglesia, así como también en la ejecución de  todas y cada una de sus leyes, mandatos o decretos disciplinarios y de sus rúbricas…”( MC. Testamento).

a) Objetivos Relación filial con Dios 213.-          En la educación de la fe, en virtud del carisma que hemos recibido del Espíritu, privilegiamos un itinerario que nos permita percibir y amar a Dios como Padre y Señor,  y nos invite a vivir con El una relación filial, con plena conciencia de  ser al mismo tiempo creaturas indigentes e hijos amadísimos, que se traduce en abandono confiado en su Providencia, aceptación plena de su voluntad e imitación de su amor misericordioso para con todos, especialmente los más  necesitados. El  modelo que proponemos para vivir esta relación filial es Jesús,  suprema revelación del amor misericordioso del Padre, principalmente en sus misterios de encarnación, vida oculta,  Cruz y Eucaristía,  en los que manifiesta su pobreza y anonadamiento, por amor al Padre y a nosotros, sus hermanos.

Amor misericordioso y operativo con el prójimo 214.-          En las relaciones  con nuestros hermanos, la  configuración con Cristo Pobre  nos lleva a vivir la pobreza como  intercambio de amor. En nuestra acción pastoral nos preocupamos por anunciar y vivir constantemente la caridad desinteresada  hacia el prójimo, a ejemplo de Jesús, Buen Pastor y Buen Samaritano. Exhortamos a las personas, ante todo, para que abran sus corazones al prójimo, especialmente al más necesitado, con una actitud de benevolencia que les lleve no a juzgar sino a comprender su situación  En nuestro servicio caritativo, vivimos la pobreza como solidaridad, ya que la caridad es operativa, y un don de sí hacia los otros. Por eso invitamos a todos a comprometerse, según sus capacidades y las posibilidades del ambiente, con gestos concretos de solidaridad y promoción, aún cuando supongan sacrificios personales. Finalmente, invitamos a que se viva la relación con los demás con respeto hacia todos, delicadeza, sencillez y naturalidad, como lo quería la Madre Camila.

Formación de una comunidad que evangeliza por medio de la caridad 215.-          Formamos a las comunidades cristianas, destinatarias de nuestra atención pastoral, para que sean sujetos activos de caridad, asumiendo personalmente la tarea de testimoniar el amor del Padre hacia los hombres, con una atención preferencial hacia los pobres. Cultivamos en las comunidades cristianas una especial sensibilidad  hacia las necesidades materiales, morales y espirituales de la gente que nos rodea y una apertura a los grandes problemas de la humanidad. Así mismo nos desvelamos para que se comprometan a dar respuestas audaces. Estimulamos a las familias para que acojan a quien no tiene casa ni familia o a quien necesita un ambiente familiar que responda a sus necesidades existenciales y educativas. Las invitamos a sensibilizar a otras familias cristianas en la atención y el servicio a los más pobres. Para que  la solidaridad humana y cristiana crezca, pedimos a nuestras comunidades que participen en los grupos y organismos sociales, porque estamos convencidos de que la tarea evangelizadora nos pide que introduzcamos en el tejido social la mentalidad del evangelio y modifiquemos, donde sea necesario, los criterios de valoración y los modelos de comportamiento.

b) Criterios Pastoral de conjunto 216.-          En nuestra acción pastoral nos preocupamos por involucrar a todos en la elaboración de los proyectos, en la toma de decisiones y en la puesta en práctica de lo establecido, de modo que todos contribuyan a la evangelización y a la promoción del hombre. Pedimos a todos que, en virtud de su compromiso bautismal, se comprometan cada vez más, y proponemos que se lleve a cabo una clara y eficaz distribución de las responsabilidades y tareas. Convencidos de que todos estamos insertados y al servicio  de la Iglesia, intentamos sintonizar nuestros proyectos pastorales con los de la Iglesia local, mantener un diálogo abierto con otras comunidades de fe y trabajar unidos.

Atención privilegiada de los  pobres 217.-          Recordando que somos siervas de los pobres, y teniendo presente que  “en la persona de los pobres servimos a la  persona de Nuestro Señor Jesucristo”(M.C.), estamos atentas para descubrir en los signos de los tiempos y el magisterio de la Iglesia las formas de pobreza que requieren nuestro servicio desinteresado de acuerdo con el carisma fundacional. Siguiendo el ejemplo de Jesús, queremos dar un lugar privilegiado a los más pobres, incluso a aquellos de los que no se puede esperar ayuda alguna para la organización y las actividades de la comunidad. Entre nuestras tareas prioritarias colocamos su formación humana y cristiana, sin escatimar recursos materiales, y dedicándoles nuestras mejores energías, no sólo las que nos sobran. Cuidamos de su integración  en la vida de la comunidad, con los mismos derechos que los demás, pero reservamos para ellos  momentos y medios particulares. Hacemos lo posible para que  participen activamente en  las múltiples manifestaciones de la pastoral y  se sientan así miembros activos de la misma familia.

Una  pastoral  abierta a todos 218.-          Como el amor misericordioso del Padre se extiende a todos los hombres, nuestra pastoral está abierta a todos,  también a los alejados de la fe y no creyentes. A los  cristianos se los recibe y reconoce como manifestación de la misma fe en Cristo, se les presta la atención necesaria y se colabora con ellos en  la construcción del Reino. También está abierta a los grupos no cristianos que trabajan honradamente por la promoción del hombre

219.-          En el desarrollo de la pastoral tratamos de usar métodos sencillos, al alcance de la gente, ricos en signos que hablen al corazón y no solo a la mente, que involucren a todas las personas, de modo que cada uno según sus capacidades pueda abrirse fácilmente  a la gracia de Dios y acogerla.

c) Líneas de acción De cara al crecimiento de la fe 220.-          Entre los instrumentos pastorales que nos indican el magisterio y la tradición de la Iglesia privilegiamos los que se corresponden con nuestro carisma. Nos preocupamos y procuramos:

221.-          De que haya en todos sed de  la Palabra de Dios, y que ella sea el objeto de nuestra continua meditación. Que la catequesis  sea frecuente, bien preparada, sencilla y rica en ejemplos; dirigida a todos y al mismo tiempo diferente según las  categorías de personas. Procuramos predicaciones y homilías con las mismas características.

222.-          De que la celebración de la Santa Misa, los Sacramentos y la liturgia de las horas sea  bien preparada y participativa, porque la liturgia es el culmen de  la vida de la comunidad. Que la Eucaristía, centro de nuestra existencia, ocupe el lugar preferencial que nos recomienda insistentemente la M. Camila.

223.-          Formar en una  oración  que se abra espontáneamente a la adoración, la alabanza, la gratitud y el gozo por la infinita grandeza de Dios. Que exprese  ilimitada confianza en la misericordia de Dios  y  abandono filial en su Providencia. Que sea agradecida, porque sabe que todo es dádiva gratuita del  amor del Padre. Que esté llena de celo por la gloria de Dios, la extensión del Reino y el bien del prójimo. Que esta actitud permanente de alabanza al Señor  se exprese en nuestro saludo característico: “Alabado sea Jesucristo”.

224.-          Infundimos un gran amor a la Sma.  Virgen  María, sobre todo bajo su título de Ntra. Señora del Carmen, por ser nuestra Patrona y por el carácter popular de su devoción, tan unida a la de las benditas ánimas del purgatorio. Propagamos, como carmelitas de corazón, la devoción del Escapulario del Carmen.  Una devoción ardiente a Nuestro Padre Señor San José,  Patrono principal del Instituto, a quien  ponemos como modelo de  la confianza absoluta en la Divina Providencia, pobreza, disponibilidad, silencio, trabajo y fidelidad. Recordamos   que es modelo y guía de vida interior, Patrono de  la Iglesia, y  ayuda especial para obtener una buena y santa muerte.

225.-          Nos preocupamos por mantener la religiosidad popular, manifestación de la auténtica fe del pueblo, de cuyo valor para la santificación personal tenemos un modelo en nuestra Vble. Madre. Pero sobre todo, insistimos y trabajamos para que se viva la centralidad del misterio de Cristo

226.-          Trabajamos por la promoción vocacional. Ayudamos a todos a descubrir la voluntad de Dios  y responderle con generosidad. Allí donde descubrimos indicios de vocación religiosa hacemos una propuesta explícita de consagración total y les ayudamos a discernir y a madurar su respuesta.

De cara al crecimiento humano 227.-          Junto a las necesidades espirituales, nuestra pastoral se preocupa por  las necesidades morales y materiales del pueblo de Dios. Damos importancia a la enseñanza y a la formación profesional de las distintas categorías de personas sosteniendo y organizando actividades idóneas. Nos preocupamos de las condiciones higiénicas y sanitarias e la comunidad. Con afecto diligente atendemos a los pobres, abandonados y marginados, dispuestos a responder a las necesidades urgentes Creamos un ambiente lleno de vida que sea un lugar de encuentro y crecimiento para niños y jóvenes, donde el juego, la enseñanza la catequesis y la oración sean momentos distintos de un único proyecto formativo.

Capítulo II B) CONSTRUCCIÓN DE LA CIVILIZACIÓN DEL AMOR UN CAMINO PARA DIFUNDIR LA CARIDAD Y CREAR COMUNIÓN a)Objetivos Promoción de la solidaridad evangélica 228.-          En un mundo marcado por actitudes egoístas y por la indiferencia ante el sufrimiento material y moral de personas y pueblos enteros y donde el surco que separa a los pueblos ricos de los pueblos pobres se ensancha clamorosamente, queremos aportar nuestro grano de arena para crear actitudes y comportamientos de apertura y de ayuda recíprocas. Esto implica un doble compromiso: favorecer el desarrollo de una mentalidad y un clima social de respeto y acogida de personas y pueblos en situación de pobreza moral y material y, sensibilizar a la sociedad para que tome partido por la causa de los pobres y procure dar respuestas eficaces.

229.-          Mediante la caridad desinteresada, queremos suscitar una corriente de simpatía y de atención preferencial por los pobres, lo mismo que una familia protege con su amor al más débil o al que más sufre. La verdadera solidaridad se alimenta de gratuidad, de perdón y reconciliación, y se traduce en gestos de servicio. Educamos a las personas en estos valores para que estén dispuestos a ayudar a quien se encuentra necesitado, por la razón que sea.

230.-          Nos proponemos, con los medios que están a nuestro alcance, sacudir las conciencias y las instituciones para que salgan de su pasividad y de su indiferencia, caminen hacia el reconocimiento real de la dignidad y los derechos de los pueblos. Queremos estimularlos y, si fuera necesario, exigirles que dicten leyes y programas eficaces en favor de los pobres. Y pedirles que no den lo que les sobra, sino que hagan lo posible para que los pobres de la tierra tengan acceso real a los bienes económicos, culturales, morales y espirituales, necesarios y útiles para vivir una vida verdaderamente digna.

Defensa de la vida 231.-          El objetivo es defender la vida humana en su integridad natural y sobrenatural, una vida destinada a trascender los confines de esta tierra para alcanzar su pleno desarrollo en la comunión con Dios.

232.-          El compromiso de defender la vida es una exigencia que nace no sólo de nuestro carisma de servicio al hombre frágil e indefenso, sino que es una exigencia que nace de los mismos pobres amenazados material o moralmente y de la misma Iglesia que, con los hombres y mujeres de buena voluntad, está alarmada por los ataques masivos y sistemáticos a la vida humana.

233.-          Ante todo, queremos afirmar el valor absoluto de la vida humana. Frente a los fenómenos y modelos culturales que la f desprecian, como la manipulación genética, la legalización del aborto, la eutanasia y la violencia en sus múltiples manifestaciones, apostamos por una cultura que afirme y defienda el valor sagrado e inviolable de la vida, desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada etapa de su desarrollo y sea cual fuere su condición. Con la misma fuerza, creemos en la misión educativa de la familia, como cuna y santuario de la vida.

234.-          Queremos sensibilizar a los organismos sociales para que promuevan el respeto y la calidad de vida de todo ser humano, sano o enfermo, frágil o fuerte. Apoyamos los movimientos y grupos que trabajan por la paz, por una distribución justa de los bienes de la tierra y por el respeto a la naturaleza, como condiciones para un pleno desarrollo. Apoyamos a estos grupos en las iniciativas que promuevan una cultura evangélica de la vida y estén en sintonía con las orientaciones de la Iglesia.

Promoción de la cultura de la caridad 235.-          A través de la cultura de la caridad, queremos influir en el pensamiento y en las obras de los hombres y de los pueblos, para que todas las manifestaciones de la cultura, desde la filosofía al arte, desde la legislación hasta las costumbres sociales, se inspiren en el amor, desarrollen la solidaridad con los pobres y favorezcan el encuentro entre los hombres y los pueblos.

236.-          Nos comprometemos a difundir mensajes, elementos de juicio y modelos de comportamientos que subrayen estos valores y se opongan a aquellos que pretenden sofocarlos. A través de la cultura, queremos defender  la dignidad y los derechos de los pobres. A tal fin:  divulgamos las riquezas morales y espirituales que poseen; amparamos su derecho a un desarrollo integral y a participar de los bienes de la sociedad; denunciamos con firmeza las situaciones de injusticia y marginación, así como las causas y los mecanismos que privan a personas y pueblos enteros de los medios necesarios para una vida digna.

237.-          Sensibilizamos a la sociedad para que llegue al convencimiento pleno de que la promoción de las personas marginadas es un deber de justicia, además de un acto de amor, y de que una sociedad es verdaderamente civilizada sólo cuando cuenta con los últimos. Queremos difundir una mentalidad y un estilo de vida que sean portadores de paz, de reconciliación, de mutuo respeto y de estima recíproca.

Promoción social y moral del pueblo 238.-          Ante la situación de pobreza material y social de muchedumbres enteras, queremos contribuir a la defensa de su dignidad y de los valores culturales y religiosos que han tejido su historia y han hecho de ellos un pueblo. Nos unimos, siguiendo nuestro carisma y en la medida de nuestras posibilidades, a sus esfuerzos por la libertad y por el progreso, hasta alcanzar la solidaridad y la concordia. A la vez que atendemos de una manera privilegiada a los más débiles, nos esforzamos por mantener encendida en el pueblo la conciencia de su identidad humana, social y cristiana.

239.-          Nos comprometemos a poner a disposición nuestros ambientes, llevar a cabo iniciativas y sugerir métodos que favorezcan el encuentro, creen lazos y susciten el deseo de construir juntos el bien común

b)Criterios específicos Dar prioridad a la formación de las conciencias 240.-          Convencidos de que el camino para construir juntos un mundo más fraterno y solidario arranca del cambio interior de las personas, queremos colocar en primer lugar la tarea de formar las conciencias y hacer que toda nuestra actividad sea formativa.

241.-          Queremos que las personas asuman elementos de juicio, líneas de pensamiento y modelos de vida inspirados en el amor fraterno y universal y en el respeto a la vida humana, sobre todo si dicha vida es débil e indefensa.

242.-          Nos proponemos infundir en cuantos trabajan con nosotros o encontramos a lo largo del camino gran sensibilidad hacia las necesidades del prójimo y procuramos despertar en ellos el anhelo de ser solidarios día a día con los que sufren.

243.-          Por lo que se refiere a la sociedad, es nuestro deseo participar en la formación de una conciencia que sea sensible hacia los problemas de los más necesitados y trabaje por la construcción de la “civilización del amor”.

Valorar el encuentro y los gestos cotidianos 244.-          Optamos por afianzar la solidaridad y la fraternidad a través del encuentro y los gestos de la vida cotidiana, sin excluir otras iniciativas.

245.-          Antes de comprometer a los otros en esta tarea, tratamos de impregnar de cordialidad y amistad nuestras relaciones con los demás, transmitiendo, con gestos y palabras, un mensaje de bondad y de serenidad.

246.-          Queremos vivir nosotros y que los demás vivan la solidaridad y la fraternidad no sólo en las grandes ocasiones de alegría o de dolor, sino también en la vida cotidiana; ni tan sólo con los necesitados y los que sufren, sino con cuantos encontramos cada día, con los miembros de la familia y del grupo al que pertenecemos.

247.-          Animamos a los que viven o trabajan con nosotros y a cuantos la Providencia pone en nuestro camino, para que valoren las ocasiones que la vida de cada día les ofrece de ser portadores de amor y de paz

Buscar siempre lo que une 248.-          Este principio nos empuja a descubrir cuanto de bueno alberga el corazón del hombre y a transformarlo en motivo de encuentro y de unidad. Creemos que existe, en todas partes, gente buena, y que cada hombre y cada pueblo son portadores de grandes valores morales y espirituales. Estamos convencidos además de que, en medio de la diversidad, podemos descubrir valores comunes en los que todos creemos y por los que todos vivimos.

249.-          Nos esforzamos por tener los ojos bien abiertos y el corazón dispuesto a acoger lo positivo de las personas y de las culturas, de las situaciones y los acontecimientos, negándonos tajantemente a que lo negativo nos paralice.

250.-          Queremos resaltar y apreciar los valores comunes como lugares de encuentro y punto de partida para elaborar proyectos, educar y trabajar por la difusión de la cultura del amor y por la creación de una auténtica comunión.

d) Líneas de acción Testimonio legible de nuestro servicio 251.-          Un trabajo bien hecho en favor de las personas necesitadas es un mensaje que sacude la conciencia de la sociedad y la aguijonea para que traduzca en gestos de auténtica promoción humana el valor de la solidaridad. Asimismo, el testimonio de nuestras comunidades  que viven y trabajan unidas, a pesar de las diferentes mentalidades y culturas, es el primer grano de arena para un mundo en paz.

252.-          Nuestras casas, por lo tanto, deben mejorar día a día su servicio caritativo  y su estilo de vida, para que se conviertan en testimonio que todos puedan leer. Y para que ese testimonio sea más comprensible, presentamos y explicamos al entorno en el que nos movemos los principios que guían nuestras  actividades de promoción y el estilo con el que las llevamos a cabo.

Anuncio y compromiso personal 253.-          Nuestra misión  nos empuja a ir más allá de la actividad y de los problemas cotidianos para comprometernos en el anuncio explícito de los valores de la justicia, la solidaridad y la paz, y denunciar, donde sea necesario, las situaciones de marginación, los egoísmos individuales y de clase, y sus causas culturales, políticas y sociales.

254.-          Para conseguir tal objetivo, debemos usar los medios de comunicación, indispensables para transmitir a gran escala la cultura de la caridad y de la vida;  conociendo  la enorme capacidad educativa de estos medios no escatimemos energías económicas ni morales.

255.-          Queremos llevar a cabo iniciativas de encuentro y de intercambio de ideas y experiencias que creen progresivamente una mentalidad de diálogo y solidaridad.

256.-          Queremos sensibilizar a los responsables sociales y políticos y a las personas cercanas a nosotros, para que transmitan al ámbito socio-político el impulso del amor y de la caridad y la voluntad de construir una sociedad más solidaria y fraterna.

QUINTA PARTE

ESTRUCTURAS EDUCATIVAS Capítulo I CRITERIOS GENERALES Promoción de las personas y de la cultura pedagógica 257.-          Todas nuestras casas quieren ser no sólo un lugar para desarrollar una actividad formativa, sino también lugares donde se intenta promover una sana cultura pedagógica, ofreciendo una aportación concreta sobre los temas que conciernen a los destinatarios a los que servimos. Para realizar esta tarea de promoción se promueven y organizan encuentros, momentos de reflexión, de estudio y de profundización y se difunde una información oportuna, invitando a expertos de reconocido prestigio. Se buscan las  metodologías educativas más adecuadas, pero que estén en sintonía con el carisma josefino, y se brinda  el aporte a la sociedad.

Experiencia de formación pedagógica josefina 258.-          Ofrecemos nuestros centros educativos  a cuantos desean mejorar su profesionalidad educativa o conocer más de cerca nuestro carisma. Les acogemos con agrado, y con ellos instauramos una relación de confianza y de diálogo que nos enriquezca recíprocamente. Acompañamos a los laicos para que puedan comprender los valores josefinos; para ello alternamos momentos de reflexión teórica con otros de experiencia práctica, haciendo así que su permanencia entre nosotros sea verdaderamente formativa.

Apertura al entorno 259.-          Nuestras comunidades socio-educativo-asistenciales-pastorales mantienen buena relación con la población local, la autoridades y los distintos organismos sociales, porque de esta forma se suman recursos para resolver los problemas de los destinatarios de nuestro servicio y se les proporcionan las condiciones y los medios para una mayor calidad de vida. Actúan respetando la legislación local vigente, pero salvaguardando siempre el primado de la ley de Dios y la autonomía necesaria para mantener la propia identidad. Participan con espíritu crítico y valentía profética en la preparación y realización de los programas destinados a los menores en riesgo, de modo que tales programas conduzcan a su plena realización humana y cristiana. Ofrecen, según las posibilidades y dentro del respeto por el proyecto local, espacios, estructuras, recursos humanos y técnicos  al servicio de las exigencias del entorno en el que trabajan; asimismo valorizan plenamente los recursos existentes en dicho entorno.

Testimonio significativo de promoción 260.-          Porque son conscientes del mandato recibido, nuestras casas cuidan e intentan mejorar la calidad de su ayuda, la gestión y las estructuras, en la medida de sus posibilidades humanas y económicas. Al mismo tiempo supeditan todo al crecimiento de la persona, de modo y manera que su testimonio sea, gracias a los modelos significativos y concretos de promoción humana, una propuesta atrayente para la sociedad. Con humildad y seriedad caminan hacia este horizonte, conscientes de sus límites ante la magnitud de la tarea; saben apreciar la experiencia de otros y con ella se enriquecen.

Capítulo II CRITERIOS DE GESTIÓN Acogida y atención a las personas 261.-          Las casas josefinas, coherentes con nuestro carisma, privilegian la acogida y el cuidado de las personas. Se esfuerzan por conseguir  que las actividades  tengan un ritmo que permita conciliar la seriedad del trabajo y la cordialidad  de las relaciones. Dentro del respeto a las responsabilidades que cada uno debe asumir, proporcionan  posibilidades de encuentro y de diálogo entre  los distintos miembros de la comunidad socio-educativo-pastoral. Tienden  a una gestión flexible, capaz de adaptarse, por un lado, a los ritmos de crecimiento de las personas y a la evolución de sus necesidades y, por otro, a las exigencias organizativas internas y a lo que la comunidad civil y eclesial demanda, no sin antes haberlas sopesado y ponderado. A todas las personas que llaman a nuestra puerta (pobres, extranjeros, marginados en general…), ofrecen, en la medida de lo posible, una atención esmerada y diligente que permite al corazón encontrar formas concretas de ayuda.

Funcionalidad 262.-          En nuestras casas, no pretendemos la eficacia por encima de todo. Pero  debemos aprovechar al máximo los recursos y las energías disponibles, de manera que se obtengan los mejores resultados y se garantice, al mismo tiempo, la serenidad de las personas y del ambiente.

263.-          Hay que esmerarse por lograr una clara individualización de las necesidades de las personas y de las instituciones, para alcanzar una integración armónica de los distintos sectores que intervienen en la formación; esforzarse por una ordenada organización de los medios y de las actividades y un aprovechamiento sensato de los mismos, para obtener unos resultados proporcionados a las energías invertidas y evitar inútiles dispersiones o incluso daños.

264.-          No se descuide nunca ni se deje a la improvisación el trabajo formativo, a no ser por motivos de verdadera emergencia. Muy al contrario, los programas formativos deben elaborarse con suficiente antelación y, después, evaluarse periódicamente, siempre dentro del respeto a las prioridades establecidas y con las modalidades oportunas.

Unidad de gestión y dirección 265.-          La unidad, confiere eficacia a la participación y expresa la alegría de trabajar juntos en un mismo proyecto. Todo debe desarrollarse en sintonía con el proyecto local y converger hacia los objetivos fijados. No sólo la organización general y las actividades específicas, los programas de equipo y los de cada uno de los trabajadores, sino también las decisiones, que la misma vida cotidiana y las situaciones imprevistas exigen, deben hacer referencia a la orientación y a las líneas operativas establecidas. Por lo tanto, todos, superando la tentación frecuente de un individualismo estéril, subordinan las propias decisiones y actividades al proyecto común. Una gestión unitaria exige también que se acepten las decisiones de la autoridad competente y que ésta, cuando las situaciones lo requieran, ejerza realmente su poder de decisión.

Capítulo III CRITERIOS ARQUITECTÓNICOS Aspecto familiar, sobrio y digno 266.-          También las estructuras arquitectónicas de nuestras casas deben estar en sintonía con los principios de la pobreza josefina. La organización y la calidad de los espacios reflejen lo más posible el ambiente familiar, de tal modo que, por una parte, se respete la necesidad de intimidad de cada uno y, por otra parte, se facilite el encontrarse y estar juntos.

267.-          La estructura y el mobiliario de los edificios sean dignos, para que manifiesten así la grandeza y la dignidad del ser humano, posibiliten que todos puedan moverse y expresarse con libertad de movimiento, pero, a la vez, garanticen su integridad física, para que cada uno pueda sentirse valorado y protegido. Los espacios habitados sean luminosos y abiertos, que susciten la alegría de vivir, sin caer en el lujo y en la ostentación. Que la sobriedad, el decoro y el buen gusto ayuden a sentir el calor familiar.

Funcionalidad y respeto a la cultura local 268.-          Las estructuras de nuestras casas deben responder, por un lado, a las necesidades de los distintos tipos de personas y, por el otro, a las exigencias de todo el proyecto  local, sin olvidar las necesidades que la vida cotidiana impone. Cuando haya que acondicionar locales y espacios internos y externos para el desarrollo de la actividad educativa, se sigue el criterio de funcionalidad. Siempre que sea posible, se distribuyen y se unen de modo que faciliten el acceso y eviten inútiles desplazamientos y pérdidas de tiempo

269.-          Las construcciones se deben armonizan con el estilo arquitectónico del entorno y respetar la legislación vigente. Teniendo en cuenta el estilo de las casas de la gente que nos rodea pero, que al mismo tiempo, se construyan edificios donde se pueda vivir con mayor dignidad. Aun respetando las costumbres locales y evitando lo superfluo, nuestros edificios estarán dotados, no sólo de lo estrictamente necesario, sino también de cuantos ambientes y medios se juzguen provechosos y convenientes para la enseñanza, la rehabilitación psicofísica y el esparcimiento necesario.

270.-          Siguiendo la manera de actuar de la Vble. Madre, se reserva a la Capilla, lugar de encuentro con el Señor  y entre nosotros, el lugar más adecuado. Por su ubicación en el conjunto de la estructura, por su estilo y decoración, la iglesia debe evidenciar nuestra fe en la Eucaristía y ser signo visible de la presencia de Dios Padre providente en la vida de todas las casas.

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Venerable Madre Camila

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